Enfermos mentales para amenazar. Historia del hostigamiento laboral al interior del CEFEREPSI

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Dulce Valdepeña

AYALA, Mor.- Lucía observó cómo los custodios federales comenzaron a meter a todos los internos en el comedor. Los inimputables por presentar desórdenes mentales no se encontraban medicados y las probabilidades de que se pusieran agresivos, eran altas.

No se trataba de un gaje por el oficio de servir comida a los internos sino de un acto premeditado por parte de los elementos de seguridad del Centro Federal de Readaptación Psicosocial (CEFEREPSI) porque la mujer no accedió al capricho de uno de ellos.

Por un momento, aquella sala se convirtió en el centro de entretenimiento de algunos custodios que observaron el miedo que invadió a Lucía a pesar de la empatía que ella sentía por algunos de los internos.

“Por parte de los custodios hay hostigamiento hacia las mujeres, ellos nos piden que aparte de llevarles su comida introduzcamos algunos insumos. Ellos saben que no se puede, porque nos pueden levantar una denuncia como delito federal, pero ellos te presionan para que los lleves” relató al cumplir nueve meses de trabajo en la cocina del reclusorio como empleada de una empresa outsourcing.

“Los Blancos”, como empleados por el Gobierno Federal les da a los custodios un “status” sobre los trabajadores temporales para acosarlos bajo el poder de controlar los accesos y flujo de los internos.

En un horario de 24 x 48 horas, sólo los custodios se permiten dormir durante la madrugada mientras que les impiden el sueño a los externos cuando no les dan sólo un cartón y una “cobija apestosa” para pasar la noche.

“La empresa no nos respalda, nos deja solos y el CEFEREPSI no da las medidas de seguridad ni capacitación alguna. Como les caíste mal a los custodios te meten a toda la sección. No somos animales, vamos a prestar un servicio pero nos dan un trato inhumano” agregó.

Lucía comentó que cuando las Personas Privadas de su Libertad (PEPELE) no están medicados, les lanzan la comida caliente, inquietan a los demás y los agreden verbalmente bajo la omisión de los elementos federales.

Los custodios a veces obligan a los trabajadores a darles doble ración y al llegar al último del grupo ya no hay comida porque los anteriores quieren que les sirvan igual; a pesar de haberlo permitido, los custodios hacen el reporte por el faltante de comida.

Testigo de la corrupción

“Don Plancarte es un puertoriqueño que cuando entró se veía bien. Era un hombre fornido. Me operaron por una hernia y cuando regresé al trabajo lo encontré muy flaco y entonces me dijo que lo habían violado entre los mismos internos”, comentó al admitir que, aunque no podía entablar conversaciones con ellos, no podía ser ajena a la impresión de ver la complexión de aquel hombre.

Al recordar, los ojos de Lucía se cristalizan en una mirada que se remonta al lugar que popularmente se conoce como “El manicomio” y remata: “ahí es para volverse loco…”

Afirma que frecuentemente, en enfermería son atendidos los internos por violación sexual y visiblemente, se deteriora su salud general. También observó que no hay clasificación por padecimientos, sino que los mezclan sin atención especializada.

El informe 9/2016 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) detectó la inexistencia de áreas de ingreso y/o de protección, además de que en tres de ellos no hay separación entre procesados y sentenciados; carece de reglamento interno y suficiente personal de seguridad.

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