Piel delgada, mecha corta

Por Juan Pardinas

El Presidente electo tiene poco apetito para el pensamiento crítico. Su indigestión es sonora y visible. El domingo comparó a sus críticos con la prensa nostálgica del régimen porfirista, que apoyó el golpe de Estado donde fue asesinado el presidente Francisco I. Madero en 1913. Sin mucho análisis de discurso se puede concluir que nuestro futuro jefe de Estado mira a los comentaristas no alineados como una versión moderna de quienes apoyaron el régimen del traidor Victoriano Huerta. Precisamente, el diario Reforma ha sido un blanco recurrente de sus adjetivos y sarcasmos.

Esta semana, AMLO arremetió en contra del periodista Carlos Loret de Mola por sus opiniones en radio sobre los riesgos a la estabilidad económica que podría implicar la cancelación del aeropuerto de Texcoco. Hay un creciente nerviosismo e incertidumbre en la economía global y en México estamos echando volados sobre el destino de una inversión de miles de millones de dólares. El pecado periodístico de Carlos Loret fue sintetizar las opiniones de bancos, agencias calificadoras de riesgo financiero y la prensa especializada. De ira ágil, el Presidente electo insinuó que el reportero tiene participación accionaria en el aeropuerto de Texcoco. AMLO no puede ver en una opinión disonante el legítimo derecho a pensar y opinar distinto. Sus críticos deben tener algún retorcimiento moral o interés obscuro. Las causas nobles de la Cuarta Transformación sólo pueden encontrar oposición por parte de personajes con una obscura descomposición ética. Si no estás con él, eres un chayotero corrupto.

Durante el próximo sexenio habrá que revisitar el concepto de la infalibilidad papal. Este dogma de la Iglesia Católica sostiene que cuando el Vicario de Roma define la doctrina religiosa, su palabra cuenta con asistencia divina. Este blindaje lo protege de cometer algún error de ortodoxia. Entre 2018 y 2024 habrá que empezar a discutir la infalibilidad presidencial. La encarnación humana de la virtud política está a salvo de cometer falta alguna, por lo que cualquier infortunio que traiga el destino deberá ser culpa de alguien más.

En una democracia funcional, el rival natural del gobierno son los partidos de oposición. La disfuncionalidad mexicana ya opera de forma distinta. En el PRI están muy preocupados de que los vayan a meter a la cárcel, en el PAN están en pugna por los despojos del naufragio y en el PRD andan buscando funeraria para velar al muerto. Así no puede haber contrapesos. La única resistencia que ha encontrado el gobierno de AMLO son las voces críticas.

En un país donde la organización Artículo 19 ha documentado el asesinato de 120 periodistas, del 2000 a la fecha, resulta ominoso que el jefe de Estado ataque por nombre y apellido a profesionistas de los medios. Parte de la descripción laboral del cargo de Presidente implica reaccionar con algún nivel de elegancia y estoicismo frente a las críticas y ruido que generan los medios. Donald Trump se ha dedicado a atacar a medios, periódicos y periodistas. Esta semana CNN recibió un paquete bomba. En un contexto de alta polarización política, un chascarrillo o comentario biliar en una entrevista banquetera puede tener consecuencias terribles en la mente de un seguidor desequilibrado. AMLO debería hacer un esfuerzo cotidiano por parecerse lo menos posible al presidente de Estados Unidos.

AMLO tiene la enorme oportunidad de devolverle decoro y respeto a la institución presidencial. Los mexicanos anhelamos tener un Presidente que no nos dé vergüenza, una figura que represente más unidad y menos encono. Una lengua larga y un dedo flamígero que apunta desde el púlpito presidencial no son rasgos anatómicos compatibles con ese anhelo.

Publicado por Reforma
28-10-2018

Categorías: Municipios