Después del “Niño ahogado” AMLO quiere tapar el pozo

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La ingenuidad de la secretaria de gobernación Olga Sánchez Cordero al afirmar que “no sabe por donde entraron” los miles de centro americanos que de manera impune violaron la soberanía nacional, seguida de las declaraciones hechas por el propio presidente de México anunciando que se destinarán recursos para “acoger” a los inmigrantes centro americanos, resulta por demás ofensiva a la nación ya que en dos siglos de vida independiente no han podido resolver las necesidades de los mexicanos, pero si resolverán las de los inmigrantes.

México, como muchos otros países de América latina, durante décadas adoptó la política de “hacerse de la vista gorda” ante la creciente oleada de compatriotas que buscan cruzar la frontera hacia los Estados Unidos de manera ilegal en busca  de oportunidades que les permitan brindar una mejor calidad de vida a sus familias. Con ello, las administraciones federales lejos de entender el mensaje de que México se ha ido convirtiendo de manera preocupante, en un país “invivible“, adoptan una posición bastante cómoda fijando sus esperanzas en la idea de que otro país haga el trabajo por ellos.

A México realmente nunca le ha preocupado el tema migratorio ya que, le ha resultado bastante conveniente para disimular la falta de capacidad para generar condiciones económicas favorables que se traduzcan en un poder adquisitivo tangible que, a su vez se traduce en mejores condiciones de vida para los mexicanos. Por el contrario, reconocen que los envíos de dinero de Estados Unidos hacia México, se ha convertido en sostén de la economía nacional.

De no ser porque para el gobierno de los Estados Unidos encabezado por Donald Trump, ya representa un serio problema para su economía, el gobierno mexicano hubiese seguido nadando de “muertito” ante la difícil situación por la que atraviesa el país, pretendiendo rescates “milagrosos” mediante la beneficencia disfrazada de “Programas Sociales” que terminan siendo un complejo sistema de esclavitud política.

Tal parece que si nuestro vecino del norte no hubiese levantado la voz en ese sentido, a nuestros políticos de la cuarta transformación, nunca les habría preocupado el tema de la soberanía nacional, y mucho menos, se hubiesen preocupado por atender la frágil situación de la frontera sur de México.

La actitud pasiva de Andrés Manuel López Obrador terminó por convencer a los mexicanos de que el respeto a la soberanía nacional, es un tema que no se defiende, se negocia.

Desde hace muchos años, se ha sabido que la frontera sur de nuestro país se encuentra en completo abandono permitiendo la entrada ilegal de muchos centro americanos al país sin que le preocupara a nadie y con la complicidad de las autoridades migratorias mexicanas. Tratar de “regular” la entrada de los inmigrantes que buscan llegar a los Estados Unidos, después de que cientos de miles de ilegales violaran la soberanía nacional entrando de manera violenta a territorio nacional, resulta ridículo.

Seguramente, el número de personas que cruzaron el territorio nacional, resultó en un escándalo que obligó a las autoridades federales a intervenir, por que de otro modo, la violación a la soberanía nacional hubiese continuado de manera discreta, sin que nadie se ocupara de ello.

Si a eso le agregan el “ahora si vamos a trabajar” de Marcelo Ebrard Casaubon, esto termina convirtiéndose en un tragicomedia, pues por más que traten de disfrazar el asunto, y los defensores de la cuarta transformación se empeñen en vanagloriar las acciones tardías y coaccionadas de AMLO, es un hecho que el gobierno federal solo trabaja cuando lo regaña su vecino del norte, mientras tanto se hace de la vista gorda y, como dice el dicho; “Despues del niño ahogado, quieren tapar el pozo”.

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