Baños públicos

 

LA SAETA / Dulce Valdepeña

CUAUTLA, 1 de julio del 2019.- Sucede que, cuando entramos a un baño público y lo encontramos sucio, aún con todas las ganas salimos despavoridos a buscar otro retrete, pero hay otras que, el sitio está lleno y no queda de otra más que simplemente se debe cumplir con el instinto de supervivencia, pero, una vez en el mundo real te das cuenta que otros dejaron remanentes de los que simplemente te quieres deslindar.

Por sentido común, si te detienes un poco podrías escuchar la vocecilla que te “recomienda” tirar dos veces a la cadena para evitar las descalificaciones o bien, salir aún a expensas de la sospecha, pero con la frente en alto a sabiendas de que no son tuyas aunque los demás no lo sepan nunca.

Lo mismo pasa con los ayuntamientos, sitios públicos rentados cada trienio a una decena de personas que representan a miles. ¿Qué encontraron cuando llegaron al de Cuautla? Nadie lo sabe todavía, aunque el hedor se perciba a leguas.

Si, se limpia y nunca se habla de ello ¿se convierte en cómplice? ¿Vale la pena ponerse venda en los ojos una pinza en la nariz y hacer lo suyo aún así se acumule la mierda? ¿Es mejor destapar la cloaca y sanear con las puertas abiertas?

Hace un año la corriente de la cascada morena llegó directamente a Cuautla y con ello llegaron altas expectativas en la dimensión proporcional a la nacional. Una hecho histórico, sin duda.

Ya pasaron seis meses y no se sabe cómo se encontró el baño. ¿Tendremos que pensar que aún lo están contemplando? Tarde que temprano quien entró tendrá que lavarse las manos, ¿llamarán las cosas por su nombre o tenemos que esperar un lenguaje infantil?

El circo

A propósito de la celebración del año electoral recordé cuando no hace muchos días fui a una función de circo por primera vez después de que prohibieran el uso de animales. Los asistentes estaban tan deseosos de divertirse, de reír, de disfrutar los resultados de una larga semana de trabajo que cualquier cosa se maximizó.

El show fue malísimo. Las mismas piruetas, chistes escuchados una y otra vez, los clásicos disfraces, ofertas que no lo son, en fin, actores poco atléticos pero que, a una consciencia infantil, le parece digno de enaltecer.

Sí, era muy malo pero, todos nos divertimos pues no queríamos que el pago y el gasto de tiempo fuera en vano. Pudo más las ganas de diversión aunque sea de los mismos chistes.

¿Está el pueblo tan necesitado de cambios extremos que se conforma con un cambio de color?

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