¿No quieres al presidente?

 

LA SAETA/ Dulce Valdepeña

CUAUTLA, Mor., 15 de julio del 2019.- Personal allegado a un edil me hizo esa pregunta al hablar de las publicaciones que están firmadas con mi nombre que, me parece digno de reflexionar con el apoyo de publicaciones de reconocidos profesionales de la comunicación.

En medio de una inercia tecnológica en la que el trabajo periodístico tiende a camuflar y a su vez, ser disfraz de oportunistas, es imperante dejar en claro qué se ofrece a las audiencias.

Al igual que una bisagra, el periodismo articula puertas o ventanas entre dos piezas pero, siempre sostenido sobre el mismo eje. En la misma analogía puede clasificarse según su grado de apertura, de visibilidad o de colocación.

Hay a quienes les parece suficiente que cumplan su función práctica o que ofrezcan un mejor panorama y garanticen certeza de que una de las piezas no se caerá con el primer jalón.

Alejandro Seselovski, explica al periodista como el indio que visita la tribu de al lado y le cuenta a la suya lo que vio. No cuenta lo que le conviene, cuenta lo que a su tribu necesita saber, le convenga a él o no le convenga; este indio es el medio porque media. ¿Qué media? La verdad. Y, la autenticidad en los medios es crucial para la vida en sociedad.

Siempre que el eje de la bisagra esté fabricado con ella, tendrá credibilidad. La maleabilidad de otros materiales permitirá siempre la manipulación y un ejercicio torcido.

“Por principio, el periodista duda de todas las fuentes, especialmente de las que están en el poder. A mayor poder, más razones para engañar”, dice Javier Darío Restrepo.

Cuanto el indio vuelve y cuenta le creemos, porque ese indio trabaja de que le creamos. No sólo es bisagra, atestigua en cuerpo presente.

¿De qué debe estar hecho el indio para evitar filtraciones de intereses? ¿Se ha roto el enlace para que el indio cuente lo que le pide la tribu de al lado?

El periodista utiliza las fuentes como un medio para encontrar la verdad que les debe a sus audiencias. Así se descarta la idea del periodista intermediario, que le sirve a la fuente como amplificador de su voz; esta tarea la cumplen los relacionistas públicos o los publicistas; pero no es y no puede ser la tarea de un periodista, dice Restrepo.

  • ¿No quieres al presidente, verdad?

Fue la pregunta a la que la única respuesta que ofrecí fue:

  • ¿Por qué?

El trabajo diario es un laboratorio de profesionalización constante. Día a día se busca aprender de los errores con más rigor y mayor creatividad.

En ese sentido, al momento se puede confirmar lo que no se busca.

Utilizar una fuente adversa al presidente no hace “no quererlo”, ni contar lo que se atestigua le favorezca o no a sus fugaces intereses; no hace “no quererlo” contar la verdad. Tampoco se trabaja por derrocar nada ni a nadie y mucho menos “por no querer a la ciudad”.

Se quiere una comunicación descontaminada, ¿usted no?.

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