Violencia en Cuautla, gobierno y sociedad

 

(24.09.2019)

Jorge Juárez Morales*

Es increíble el crecimiento de la criminalidad en Cuautla y la región durante este año, han muerto niños, mujeres y hombres, Muchos jóvenes, muchos pobres. Destacados profesionistas fueron masacrados. En el centro histórico ha habido asesinatos. Asaltos, secuestros, robos, levantones, son cosa de casi todos los días. Desaparecen hombres y mujeres, así nomas, un día están y al siguiente no los volvemos a ver, las causas nunca se saben. Los responsables (casi) nunca son castigados.
La sangre corre a raudales, solo la lluvia lava los rastros del crimen. Pareciera que también la lluvia borra nuestra memoria, no solo, también el viento y el sol hacen que olvidemos en corto tiempo la violencia que enfrentamos. Vivimos tiempos muy duros, como solo en tiempos de guerra se viven. Sí, vivimos en medio de una guerra no declarada. Una guerra que parece no tener fin.
Una guerra es una crisis, de la cual se sale después de un largo periodo. Lo malo de esta
crisis es que no sabemos cómo evoluciona, bueno, la mayoría no lo sabemos. Y no sabemos porque la forma de abordar esta crisis es poco adecuada; la más de las veces se aborda desde la inmediatez y desde el morbo que provoca el crimen.

Dadas las dimensiones de la crisis en que nos encontramos es necesario revisar las
diferentes aristas del problema de la violencia y la inseguridad. De las violencias.
Empecemos por recordar que hace poco tiempo a instancias de la Universidad Autónoma
del Estado de Morelos en el 2014 se elaboró el Atlas de la Seguridad y Violencia en Morelos, un trabajo muy bien hecho dirigido por Sergio Aguayo y compilado por un destacado académico de esta ciudad, el doctor J. Ariel Ramírez Pérez.

En este estupendo trabajo Ariel Ramírez identifica con mucha claridad cuál es la situación que enfrentan los jóvenes de Morelos: “son quienes en mayor medida mueren por homicidio respecto a los otros grupos de edad”. Los factores económicos, las expresiones de masculinidad, el contexto laboral, el entorno familiar, todo se conjuga para convertir los jóvenes de Cuautla y del estado en víctimas y victimarios.

Para muchos de ellos el futuro no existe, lo único que cuenta es el presente. El planteamiento que hace Ariel es fundamental: “estudiar la juventud permite identificar lo que la sociedad crea y reproduce, cómo se reproduce a sí misma, qué desigualdades genera; cómo construye su futuro”.
Tan solo un año después se produjo la versión actualizada de ese valioso Atlas, en ella
María Ángeles Góngora Fuentes estudia lo que pasa con los jóvenes de Tetelcingo, la
comunidad indígena más grande del municipio. En su artículo llama la atención diciendo que los jóvenes “dejan de ver a la delincuencia con alerta para incorporarla en su vida cotidiana como un elemento normal con el que deben aprender a convivir. No obstante, este fenómeno genera que se pierda el sentido comunitario, el valor de seguir la normas y la alarma de presenciar en su círculo familiar o escolar actos de violencia”. Más adelante, en su estudio, realizado entre jóvenes de secundaria, concluye que “en la dinámica de Tetelcingo: (1) La familia, como círculo de protección y confianza, se ha debilitado en dicha localidad; (2) la educación, es ubicada como un factor estabilizador de la juventud, respecto al cual se muestran positivos en continuar con su preparación académica; (3) las tradiciones y rasgos culturales son ocultados por gran parte del sector juvenil al preferir no ser ubicados como integrantes de un pueblo indígena”.
Las anteriores son sólo referencias sobre lo que afecta a un sector importante de la
población. Al mismo tiempo son una muestra de las posibles salidas para atender al sector de más vulnerado por esta terrible crisis. Los esfuerzos que hace la sociedad desde diversos frentes poco a poco serán más fuertes y mas apresurados, pues no estamos dando cuenta que se requiere actuar más allá de los enfoques policiacos que predominan entre la clase política.
Si como hemos visto, la academia hace esfuerzos por comprender el fenómeno de la
inseguridad y la violencia, es importante que revisemos lo que hacen quienes en las campañas electorales prometían trabajar y esforzarse por brindar seguridad a la población.

Veamos:

El Ayuntamiento de Cuautla realizó del 1 de enero al 5 de junio de este año 14 sesiones
extraordinarias y 2 sesiones ordinarias de cabildo, en ninguna de ellas abordaron el tema de la violencia e inseguridad. Sí, tal y como se puede leer: a ninguno de los 11 integrantes del cabildo le ha interesado abordar el tema de la violencia e inseguridad. La máxima autoridad en el municipio en estos meses que han transcurrido del año, y a pesar de tratarse de un tema de la mayor importancia, no le ha prestado ninguna atención.
Vaya, el 30 de abril en una sesión que de acuerdo con el acta respectiva duró solo 14
minutos aprobaron por unanimidad el Plan de Desarrollo Municipal, sí, un documento que es la guía principal para el desempeño de los funcionarios, ni siquiera fue analizado. Más aún, no hay constancia en las actas de que el regidor Alfredo Lezama que ostenta la comisión de seguridad pública haya hecho un solo pronunciamiento o haya presentado una propuesta, tan solo una, en torno al tema de la violencia e inseguridad que padecemos.
Si bien el gobierno federal ha tomado diversas medidas para enfrentar la violencia  criminal, que van desde la Guardia Nacional hasta la amnistía, pasando por el combate al robo de combustible y la activación de la Unidad de Inteligencia Financiera a cargo de Santiago Nieto, el gobierno municipal deja mucho que desear. Pero aún es tiempo, aún pueden en el ayuntamiento de Cuautla dar muestras de que responden a los compromisos de la Cuarta Transformación.

Esta crisis que vivimos y que parece no tener fin requiere del trabajo de todos y cada uno
de los actores sociales, políticos y económicos. Solo trabajando juntos en la resignificación del tejido social podremos superar esta oleada de violencia que desangra a nuestra ciudad.
*Director del FLD, A.C.

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