Entrega de mochilas en Cuautla o lo que un ayuntamiento NO debe hacer

 

DULCE VALDEPEÑA / La Saeta

Septiembre 2019.- Un riesgo importante en los programas nobles es precisamente su apariencia. Criticar un acto bonachón pone a quien lo emite en una posición arriesgada, sin embargo, el ejemplo más claro de que no es así, lo dio el propio ayuntamiento hace unos días.

Si los ciudadanos debemos entender que la democracia se sustenta en decisiones colectivas adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes, éstos deben conocer que el 115 constitucional no es un comodín en la baraja política.

De estos sistemas reguladores está la Ley de Presupuesto, Contabilidad y Gasto Público que establece mecanismos de evaluación del ejercicio, señala que debe existir un diagnóstico, indicadores, reglas, un padrón de beneficiarios en cada programa aplicado por los municipios.

Nada de esto se hizo con la anunciada entrega de Mochilas con motivo del inicio del ciclo escolar, con bombo y platillo el cabildo circuló por algunas escuelas el primer día de clases en que, además, ya debían presentarse con sus respectivos útiles.

El Artículo 23 establece que el Gasto Público se basará en presupuestos que se formularán con apoyo en programas que señalen objetivos, metas, beneficios y unidades responsables de su ejecución, con base en objetivos, parámetros cuantificables e indicadores del desempeño. Los programas deberán elaborarse de acuerdo con las prioridades establecidas en los Planes Estatales y Municipales de Desarrollo, según el caso, y unirse a la disponibilidad de recursos financieros, materiales y humanos; se observará la Ley General de Contabilidad Gubernamental y las normas que para tal efecto emita el Consejo Nacional de Armonización Contable, así como la Ley de Disciplina Financiera de las Entidades Federativas y los Municipios.

¿Qué pasa cuando no se cumple? ¿En qué nos perjudica? (dirían los aduladores). Simple, es un cheque en blanco para determinar de manera unilateral a quién sí y a quien no aplicar el programa a su propio criterio con fines abiertos que, usualmente recaen en personales o de grupo.

Cuando aparentemente había concluido la entrega de mochilas, resulta que de la manga surgen más de 500 para entregarlas a sindicalizados que cuestionaron al edil por la falta de pago de derechos laborales. Una -enésima- promesa de liquidación y barajear las mochilas fue la fórmula para apaciguar protestas.

¿Qué significa? Que el fin bonachón de “apoyar a la economía familiar” se convirtió en un fin para callar y evitar afectar -más- la imagen del alcalde. No se antepuso el interés de los trabajadores porque sólo se ofreció a una parte de los empleados del ayuntamiento, se discriminó al sindicato mayoritario (rojo) y a los de confianza de forma discrecional.

No hay forma de evaluar esa erogación del presupuesto público. Y esta, es una sola de las manifestaciones de lo que se hace en el ayuntamiento de Cuautla alejado de las normas.

Descripción clara de los programas que integren el proyecto de Presupuesto de Egresos, en donde se señalen los objetivos, metas y prioridades globales; así como las unidades responsables de su ejecución, y la valuación estimada por programa y subprogramas, incluyendo aquellas que abarquen dos o más ejercicios fiscales son aspectos desatendidos del gasto que pertenecen a todos pero administrados por unos cuantos.

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