La Leyenda de la Mulata de Jalapa

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La Leyenda de la Mulata de Jalapa

REDACCIÓN

JULIO DE 1813.- La intendencia de Veracruz está poblada de leyendas. Una de las más extrañas tuvo como escenario a la villa de Jalapa. Nos he llegado el antiguo relato de los guardias del fuete de San Juan de Ulúa, sobre la misteriosa desaparición de una hermosa mujer de las mazmorras.

Cuentan que en la Villa de Jalapa vivía una mujer conocida como la Mulata, que se distinguía por su belleza. Nadie conocía su procedencia, ni su verdadero nombre, pero todos la veían prestar auxilios a los campesinos con las artes de la medicina. Inclusive, algunas familias ricas y de reconocido abolengo, solicitaban sus servicios para consultar horóscopos y sus artes adivinatorias.

Muchos hombres prendados de sus encantos pretendían su belleza. Su esbelta y espléndida figura la dotaban de un singular encanto. Era orgullosa, altiva y caminaba con linaje de una princesa europea, pero con la gracia, sensualidad y alegría que caracterizaba a las mujeres de la mejor estirpe africana. Nadie conocía su procedencia ni sus amores. Las puertas de su casa permanecieron siempre cerradas para los enamorados y caballeros que la cortejaban.

Por aquellos años, la villa de Jalapa fue azotada por varias epidemias y calamidades. Dicen que la mulata curaba con pociones milagrosas y ungüentos maravillosos a muchos enfermos.

Cuentan que comenzó a conjurar tormentas y predecir eclipses. Pronto la envidia y la saña de varias mujeres despechadas avivaron la superstición de la gente, quienes comenzaron a rumorar que la mulata tenía pacto con el diablo. Se decía que por las noches en su casa se escuchaban extraños lamentos y que se veían salir llamas de las puertas y ventanas. No faltó un alma acomedida que hiciera llegar estos rumores al Santo Oficio. El Tribunal de la Santa Inquisición le abrió un proceso para averiguar si ejercía la brujería. Un día que se encaminaba a prestar auxilios a un enfermo, fue aprehendida y conducida al puerto de Veracruz, en donde se le hizo encarcelar en el castillo de San Juan Ulúa, para ser juzgada como hechicera.

En su celda, la Mulata de Jalapa pasaba las horas tras los pesados barrotes a la vista del carcelero. Un día suplicó a su guardián que por favor le consiguiera un pedazo de carbón. Extrañado el guardián por tan rara petición, pero ansioso de complacer a tan bella prisionera, le llevó a la celda lo que pedía.

La Mulata de Jalapa dibujó sobre las sombrías paredes una nave, con sus hermosas velas desplegadas que parecía mecerse sobre las olas. El carcelero, muy admirado, le preguntó qué significaba aquel extraordinario prodigio. Cuentan que la hermosa joven le respondió que en ese velero iba a cruzar el mar infinito y dando vuelta hacia la embarcación, de un salto subió a cubierta.

Se despidió del asombrado guardián que la vio alejarse con la nave por una esquina del oscuro calabozo.

Al día siguiente, se dieron cuenta sus compañeros que el guardián se encontraba con las manos sobre los barrotes, señalando el punto en donde había desaparecido la embarcación, con la mirada y la razón perdidas.

Los guardias buscaron sin cesar a la Mulata de Jalapa, pero efectivamente había desaparecido. Quién sabe a qué tierras la llevó su nave encantada…