Leyenda de las hermanas malditas

 

Redacción

DICIEMBRE DE 1815.- Les ofrecemos a nuestros amables lectores una leyenda de antaño sobre oscuros sucesos que se dice tuvieron lugar en la calle del Espíritu Sato. Narra los infortunios que engendra la belleza cuando va acompañada de la maldad.

Se cuenta que a fines de siglo XVII, en la calle del Espíritu Santo vivían las hermanas Juana y Simona de Cedillo, una hermosas españolas originarias de Andalucía.

Las hermanas, sin embargo, eran altivas, libertinas y groseras y aprovechaban su belleza para coquetear con cuanto caballero se les parara enfrente.

Resultó que su papá fue asesinado, tal vez a causa de algún enamorado despechado. A causa de la pena, su madre falleció poco después, culpando a sus hijas de la desgracia familiar y lanzándoles una terrible maldición.

Tiempo después, ya entrada la noche, los jóvenes mozos Jerónimo García de Montealegre y Alonso Ortiz de Murguía caminaban por la calle del Espíritu Santo y quedaron estupefactos ante la belleza de las dos hermanas. Ellas los condujeron al interior de su casa, donde había una banda de música y vino al por mayor, ya que estas hermosas mujeres acostumbraban noche a noche organizar fiestas desenfrenadas. Los jóvenes salieron por la mañana y luego del mediodía regresaron a tocar la casa pues ambos se sentían hipnotizados por mujeres tan hermosas.

Cuál fue su sorpresa cuando un vecino les comentó que esa casa llevaba deshabitada varios meses. Incrédulos, los jóvenes regresaron la misma noche y nuevamente se encontraron a las hermanas Cedillo, quienes los invitaron a una escandalosa fiesta.

Al amanecer los jóvenes despertaron tirados en la calle y en condiciones deplorables. La gente se arremolinaba curiosa a su alrededor mientras ellos trataban de narrar lo sucedido. Entonces, tocaron la puerta de la casa de las hermanas para pedir una explicación pero nadie les abría; desesperados forzaorn la puerta y se dirigieron directamente a los aposentos. Entonces se oyó un terrorífico grito. Alonso miraba boquiabierto el cadáver de una de ellas, con joyas de oro y perlas preciosas alrededor del cuello pero con gusanos recorriéndolo. En el cuarto contiguo, Jerónimo veía una escena similar, pero el elegante y carcomido cadáver pertenecía a la otra hermana.

Los curiosos llamaron a las autoridades quienes no tardaron en aparecerse. Alonso y Jerónimo contaron la historia a la policía pero nadie les creyó. Fueron aprehendidos y culpados del caso y se cuenta que nunca cobraron la razón.

Las hermanas Cedillo, en realidad habían fallecido hacía tiempo pero sus desenfrenados espíritus continuaban haciendo maldades a cuantos desfallecieran por su belleza.