Cuautla… tierra de “sanssculotes”

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Dasaheb López

Día a día se vuelve más común recorrer las calles de la heróica e histórica ciudad de Cuautla y toparse con una montaña de bolsas apiladas en una esquina, ya sea de una de las dos avenidas principales o en el “centro histórico”. Incluso, muchas veces es necesario descender de la banqueta ya que la basura, amontonada en bolsas o desparramada después de haber sido presa de los animales hambrientos que, ajenos de sí mismos acuden en busca de alimento, impiden el paso de los transeúntes.

La vista y el olfato del transeúnte se han acostumbrado tanto a ello que ya ni siquiera siente el deseo de objetarlo, simplemente dibujan un semi círculo y continúan su tryecto, en el peor de los casos, sólo se cubren la nariz para evadir el fétido perfume que emana ese montículo de basura.

Poco a poco el ciudadano Cuautlense ha convertido en un sanssculote que sólo busca sobrevivir el mayor tiempo posible, postrado bajo la mesa del tirano en espera de las migajas que, literalmente, caigan de la mesa de los poderosos. En una lógica posrevolucionaria, ha llegado a convencerse de que “estando en el bando correcto”, nada importa si a los demás de los lleva el carajo.

La decadencia en la que ha caído la ciudad de la que se decía “solo faltaba aplicarle el título de hermosa”, se ha transformado en una ciudad precaria e impune donde cada vez estamos peor, sin que nadie haga el intento de protestar por ello.

La costumbre de hablar de la belleza de la ciudad en otros tiempos, se ha convertido más en una anécdota que en una posibilidad a la cual aspirar. El estribillo constante y acusador sobre las dificultades financieras “heredadas” de administración en administración, es suficiente para consolar a una población conformista que ve pasar el tiempo frente a sus ojos, terminando por ser parte de la decadencia de la ciudad.

Esta versión local del sanssculote francés, ajeno de su desgracia, alberga en su interior la esperanza de un evento fortuito que cambie su destino, siempre que no le represente mucho esfuerzo. Sin darse cuenta de que también se convierte en un problema “heredado”.