“Todo para el pueblo…sin el pueblo”

Todo para el pueblo


Dasaheb López

Se suponía que la lucha por alcanzar la independencia de la Nueva España, lograría la reivindicación social de “los de abajo”, luego de tres siglos bajo el yugo peninsular. Haciendo cuentas, el estado de sumisión existía en México, desde antes de la fundación del imperio Mexica, pues siempre ha existido el fuerte que oprime al débil. Durante el siglo XIX, las promesas independentistas, no se pudieron cumplir. Así transcurrió un siglo…

La revolución maderista, que prometía el acceso a una verdadera democracia, la paz, la igualdad social y sobre todo la justicia, a través de un movimiento casi un uniforme, terminó por convertirse en una lucha intestina por el poder, dejando nuevamente a la masa, sumida en la peor de las pobrezas dejadas por la lucha armada y a la sociedad más fracturada, para pasar a una nueva forma de sumisión, la política… Así transcurrió un siglo más…

En el haber de la historia de nuestro país, podemos darnos cuenta de una verdad por demás dolorosa, pues los buenos no son tan buenos y los malos no son tan malos como uno podría pensar. Lo que sí es un hecho, es que el descontento social, ha sido el medio de transporte para quienes desean escalar con paso firme los peldaños que conducen hacia el poder, olvidando a quienes formaron esos peldaños con sus esperanzas.

Iván ilich Ulianov, mejor conocido como “Lenin” líder intelectual de la Revolución Rusa, afirmó que: “Hoy nosotros hacemos la revolución para quitar a los que ahora están en el poder, pero mañana, tendrán que hacer una revolución para quitarnos a nosotros“.

Los inicios del siglo XXI en México, no fueron distintos al anterior, pues la deuda de justicia e igualdad así como mejores condiciones de vida seguía creciendo de generación en generación hasta conformar una deuda impagable. Mientras tanto, el sistema político intentaba afianzar sus mecanismos para mantener el poder desde el poder, haciendo crecer al pueblo sin tomar en cuenta al pueblo.

La democracia en México, muy a pesar de todos, es la democracia de los resentidos pues ningún partido político que ha contendido por el poder ha tenido un origen puro y autónomo, por el contrario, ha surgido a consecuencia del “berrinche” de quienes no han obtenido lo deseado en su partido de origen, lanzando acusaciones que exacerban a las masas quiénes interpretan las rupturas políticas como una oportunidad para lograr las transformaciones que hacen falta.

Lo anterior dando continuidad a las viejas costumbres de los notables y caudillos post-independentistas que cambiaban de bando bajo el argumento de buscar el bienestar nacional pero, como ha demostrado la propia historia, en realidad buscaban beneficios personales.

El comienzo de un nuevo siglo prometía para México el inicio de la esperada transformación, con la derrota del PRI. Finalmente, después de poco más de medio siglo, ocupaba la silla presidencial un PANista puro, Vicente Fox Quezada. Sobra decir que su administración no fue distinta a las del PRI, ya que siguió a pies juntillas las prácticas del partido derrocado para consolidarse como árbitro electoral y mantenerse en el poder. En 2006, en medio de un proceso electoral controvertido que sembró un profundo descontento social, llega al poder su correligionario Felipe Calderón Hinojosa.

Con ello, comenzaba la historia del paladín de la justicia Andrés Manuel López Obrador, quien, luego de ocupar la jefatura del entonces Distrito Federal, en el año 2005 decidió contender por la silla presidencial resultando “derrotado” en el proceso electoral. Con ello empezaría su caudillaje durante dos procesos electorales y sexenios, llegando a ser el juez moral de la política mexicana.

Durante este tiempo, perfeccionó su estrategia política señalando y criticando las acciones y decisiones del presidente en turno, afirmando ser la solución a los males añejos de la nación de forma inmediata y milagrosa. Mientras tanto, la lengua de carne, se convirtió en una lengua de plata, haciendo propia cualquier bandera que le permitiera ganarse la voluntad popular que seguía resistiendo las consecuencias de una mala administración, encarnando la esperanza del vox populi .

Para 2018 ya no importaba que AMLO fuese un caudillo forjado en las filas del PRI en el año de 1977, que en 1989 la piel se le hubiese puesto amarilla para luego terminar con la piel rojo quemado, ahora se definía así mismo como la “salvación de México”. La mejor apuesta que pudo hacer, fue confiar en los vicios de la forma de hacer política en México y esperar a que se acumulara la descepción y el hartazgo de los errores cometidos por el gobernante en turno.

Como todos los demás, en su trayectoria hacia la presidencia, no sólo curó las llagas del pueblo y acarició los oídos de las masas con sus discursos, también reclutó a viejos amigos de la política y dió fraternal cobijo a los conversos arrepentidos que provenían de otros partidos políticos, quizá pensando en el capital electoral que le podían significar pues “la tercera es la vencida” y estaba dispuesto a cumplir su cometido a como diera lugar ¿Que importaba entonces, si después se convertiría en un problema? había que “ganar” a como diera lugar.

Sobra decir que los propios partidos políticos pusieron los ingredientes para el desastre electoral de 2018, en donde la perseverancia del prócer tabasqueño, finalmente lo llevaron a ocupar la silla presidencial por la vía electoral, igualito que el “señor madero“.

Nadie podía imaginar que apenas en el poder, vendría la traición, olvidándose por completo de lo prometido. De manera burlesca, ha empleado mecanismos para simular el ejercicio democrático. Como ejemplo, citaré el caso de la termoeléctrica de Huexca, en el que prometía a grito abierto en sus giras por la entidad, se respetaría la voluntad popular, para luego revirar mediante la ejecución de una “consulta popular” fuera del marco jurídico y a ojos vistos, amañada, pues ante todo, habia que parecer democráticos.

A un año de su llegada al poder, ya no hay rastros de los cambios inmediatos, de la justicia prometida para el pueblo de México, la inseguridad continúa creciendo desmedidamente manteniendo a la población en un cerco de terror, el precio de la gasolina no ha bajado, y como si no fuera poca cosa, ha categorizado a la población en tres grandes grupos: los “Chairos”, los “Fifís” y los que están a favor del cambio, aglutinando de forma soberbia y arbitraria a sus súbditos.

Hoy, las libertades han sido tajantemente delimitadas pues cualquier cuestionamiento sobre las dificultades que embisten a la nación y que mantienen en vilo al mexicano de a pie, son desestimadas con preocupante ligereza con un comentario burlesco por parte del primer mandatario. A pesar de que “sus datos” contrastan con la realidad del país, continúa aferrado a la idea de que por fin se ha logrado la democracia y de que estamos muy cerca de alcanzar la felicidad, sin darse cuenta de que México ha entrado a una era jacobina, en donde si no te cortan la cabeza, si te han cortado la lengua y la libertad de opinar.

Como el buen pastor que procura a su rebaño, da todo al pueblo pero sin tomar en cuenta al pueblo, descalificando y minimizando su voz, cuando ésta le resulta molesta. Ignora que México es un paciente enfermo del que ramifican varios tumores al mismo tiempo que padece varias enfermedades crónicas, que necesitan ser extirpados y las enfermedades tratadas, sí, poco a poco, pero de manera eficaz.

Esperemos que pronto le dé todo al pueblo, tomando en cuenta al pueblo…