De la burocracia ambiental a la gestión sustentable del territorio

 

 

(24.11.2019)

Jorge Juárez Morales*

 

El clima de Cuautla ha cambiado, cada vez hay menos agua, las tierras de cultivo se terminan, los apantles desaparecen, hay más vehículos y más contaminación de la atmosfera; llegan más industrias y generan más desechos, las ciudades cercanas mandan trailers de basura todos los días. El recuento puede seguir, como ejemplo es suficiente: estamos ante un desastre ambiental.

Una muerte lenta y silenciosa amenaza el territorio del antiguo Valle de Amilpas, la cuenca del río Cuautla está en serio peligro. Ningún cuidado se ha tenido con los suelos, el agua, la vegetación y, menos, con los animales. A nadie le ha importado que se esté acabando el oasis que teníamos hace apenas treinta años, menos. Hace poco, El Paraíso, ahí donde nace la barranca Santa María era un lugar limpio, agradable, exuberante, al que íbamos con mucha alegría a nadar, a refrescarnos.

Hace poco, los apantles se desbordaban, sobre todo en tiempo de lluvias: frente al asoleadero en la colonia Morelos; en Amilcingo por la calle Flores Magón; en San José a un costado del encierro. Al haber agua había vegetación, con vegetación había lluvias, con lluvias abundantes el calor era menos intenso.

Eso se ha ido acabando frente a nuestros ojos, hace treinta años, en el municipio de Cuautla habitábamos menos de 100 mil personas, hoy somos más de 200 mil personas. A ese número hay que sumar el crecimiento de la colonia Juan Morales y el pueblo de San Pedro Apatlaco, también Cocoyoc creció.

Buscando un espacio para vivir, miles de familias hemos ido acabando con los recursos naturales. Empresas de todo tipo se han instalado en los sitios de mejor acceso para sus clientes o usuarios, sin importar que con sus construcciones acaben con árboles milenarios, contaminen los apantles con sus descargas de aguas negras, obstruyan la recarga del acuífero con el pavimento de concreto.

Cuautla es totalmente diferente a lo que era en 1980. De seguir así, pronto no quedará rastro de lo que todavía es: no falta quien se atreve a proponer que se entube el río Cuautla para facilitar la circulación de los coches. La termoeléctrica de Huexca está a unos cuantos kilómetros del centro de la ciudad y sus efectos nocivos se harán sentir en todo el territorio.

Ante la crisis ambiental se requieren acciones urgentes, concretas y prácticas. Estas acciones habrán de partir de un gran acuerdo social entre quienes aquí vivimos e incluir a quienes aquí han asentado sus empresas. Es importante apoyar a los ejidatarios del municipio de Ayala que luchan por conservar el agua del río Cuautla para el riego de sus parcelas y, al mismo tiempo generan alternativas de agricultura sustentable.

Se requiere un acuerdo que promueva el cuidado del territorio, la protección de los ecosistemas, la conservación de los árboles emblemáticos, la formación de bosques urbanos en las zonas habitacionales y en la zona agrícola, el saneamiento del río Cuautla y la recarga del acuífero.

Estas reflexiones son las que se han tenido en las mesas de trabajo para la actualización del Reglamento de Ecología y Protección al Ambiente del Municipio de Cuautla. Durante varias semanas un conjunto de organizaciones de la sociedad civil, personas que realizan acciones por el medio ambiente y con especialización profesional en el área han debatido sobre lo que se requiere hacer para proteger los recursos naturales. Se busca generar un marco jurídico adecuado para salvaguardar el patrimonio natural de los cuautlenses.

Es importante que este dialogo trascienda al equipo que ha estado revisando la normatividad y analizando aspectos teóricos que van de los bioética al paisajismo, de la biología al derecho ambiental, entre otras materias. En la medida que sea más amplia la participación habrá más y mejores propuestas. Podremos construir un reglamento adecuado a las actuales necesidades y además proporcionar insumos para la labor de los funcionarios municipales.

Y, sí, justamente la labor de los gobiernos municipales es uno de los puntos centrales del debate. Parece imposible mover a ese “elefante reumático y pesado” (AMLO dixit) y lograr que cumpla con su responsabilidad constitucional.

Para cerrar esta reflexión me referiré a algunos aspectos de lo que se considera deben asumir los gobiernos municipales para pasar de la burocracia ambiental a la gestión sustentable del territorio:

 El cabildo debe conducir la formulación y evaluación de la política ambiental, asignar recursos mediante en el presupuesto de egresos y vigilar que se cumpla la normatividad.

 La dirección de medio ambiente debe ser una instancia conducida por profesionales del ramo, con capacidad para ejecutar acciones de educación ambiental, protección y restauración de los ecosistemas, vigilar la aplicación de las normas y sancionar las infracciones a los reglamentos. Por la naturaleza de su labor, debe ser independiente del área de obras públicas, de lo contrario, el cuidado del medio ambiente está subordinado al crecimiento urbano, tal como ha sucedido en las últimas administraciones. Se requiere pasar de una lógica burocrática y un manejo recaudatorio del reglamento a construir una verdadera política ambiental del municipio.

 Es imperativo que el gobierno municipal asuma su responsabilidad e impulse la gestión democrática, integral y sustentable del agua. Actualmente su omisión ronda cerca de lo criminal, pues ni siquiera es capaz de dotar de agua suficiente y limpia a los cuautlenses, y menos se preocupa por mantener en operación las plantas de tratamiento de aguas residuales.

Pues bien, poco a poco emerge un movimiento ambiental en el municipio, el reto es construir un programa ambiental que permita la toma de decisiones de manera democrática y transparente, teniendo siempre presente que el planeta solo es uno y que debemos cuidarlo para las futuras generaciones.