Vivir de caridad

Vejez


Dasaheb López.

Cada vez se ha vuelto más común observar a hombres y mujeres de avanzada edad deambulando por la calles de Cuautla esperando con paciencia, una moneda de los transeúntes, quienes, en la mayoría de los casos actúan con total indiferencia. En otros casos, se pueden apreciar adultos mayores que reciben con disgusto las monedas que reciben y como cambio, otorgan un insulto a su benefactor.

Los hay de todos tipos, que van desde quienes por su avanzada edad, a pesar de contar con mucha experiencia, no pueden encontrar un empleo formal que les permita mantener un modo digno de vida para sobre llevar la senectud hasta los que de plano han encontrado en la caridad, un modo de vida que no les representa mayor esfuerzo para subsistir.

Siempre han existido historias de mendigos que encontraron en la caridad, una oportunidad para amasar grandes fortunas, llevando así, una doble vida basada en la buena voluntad de las personas quienes no encuentran mayor inconveniente en obsequiar unas monedas a quien parece una persona caída en desgracia.

También existen muchas historias de hombres y mujeres que con una gran idea o muchísimo esfuerzo han logrado cambiar sus vidas para siempre. Como un ejemplo entre muchos, podemos encontrar la historia de Vicente López Resines que vendía chiles en vinagre que guardaba en vitroleros en una tiendita de abarrotes ubicada en la Calzada de Guadalupe en la ciudad de méxico, y posteriormente en fabricar su propias latas para que duraran más. A 96 años de distancia, es una empresa con presencia mundial.

Desde tiempos muy remotos, han existido diferentes instituciones y organizaciones dedicadas a la caridad, creadas con el propósito de velar por el bienestar de los desamparados y, sin embargo, no se ha podido dar una solución definitiva al problema ya que nunca se ha logrado consolidar un sistema de gobierno que permita construir un modo de vida estable para las familias, que existen en la zozobra y la incertidumbre.

Un gran problema es la manera en la que se concibe a lo viejos, pues para muchos jóvenes representan una carga con la que no quieren lidiar desentendiendose completamente de ellos en la última etapa de su vida. Afortunadamente para muchos, acompañar a los viejos en sus últimos años, es un tema fundamental de gratitud.

La falta de certidumbre sobre el futuro en nuestro país, genera condiciones que van engrosando cada vez más y de forma irremediable, las filas del desempleo, empleos mal pagados en condiciones de explotación laboral que tienen que resistir con aplomo para no perder un empleo que a medias les da para sobrevivir, todo ello, con la venia del gobierno.

Los sistemas de crédito gubernamentales han resultado más leoninos que los bancarios, pues en principio el dinero que has ahorrado como resultado de las aportaciones acumuladas durante una vida de trabajo, las del patrón y del propio gobierno, lejos de entregárselas como base para adquirir una vivienda, dichas aportaciones te las prestan con intereses altísimos y un esquema de crédito tan asfixiante, que miles, terminan por ser despojados de la vivienda, perdiendo sus ahorros y quedándose con una deuda impagable. No conformes con eso, los boletinan en el Buró de Crédito, imposibilitándolos para poder adquirir otro crédito.

Poder enumerar las razones por las que alguien puede terminar sobreviviendo de la caridad, resultaría una labor imposible pero lo que sí podemos afirmar es que al estado le resulta muy conveniente servirse de la buena voluntad de los demás pues le evitan la necesidad de tener que implementar estrategias que le permitan a los mexicanos, tener un modo digno de vida.

Desafortunadamente, la caridad convierte a los más necesitados en material electoral pues a cambio de una dádiva los despojan de su poder de decisión, quizá sea por eso que este problema no ha querido resolverse pues si un individuo tiene fortaleza económica, el precio de su dignidad será más alto.