Cuautla: el cuadrilátero de la doble H

LA SAETA/ Dulce Valdepeña

ENERO 2020/ En eso se ha convertido Cuautla a un año de gobierno de Jesús Corona Damián, en un verdadero espectáculo de combates y maniobras de lucha libre donde sus protagonistas tratan de demostrar fortaleza tratando de ganar la simpatía del público.

En la cartelera están los integrantes del cabildo con coloridas máscaras, un alcalde que defiende su título, directores consentidos, medios que protegen sus intereses, el comercio en busca de conquista y ciudadanos que suben al ring aún dispuestos a recibir toda una paliza de descrédito.

La liga cuautlense abre las hostilidades con una campaña de desprestigio, opacidad, bloqueo informativo, camuflaje desde su esquina donde reciben palmadas y palabras de aliento por parte de sus operadores.

El orgullo está en juego y los ídolos locales tratan de cerrar con broche de oro un año lleno de triunfos sobre la democracia, la transparencia y la participación ciudadana: los grandes perdedores del 2019.

La función estelar del jueves 19 de diciembre tuvo de todo: huevazos, golpes en el pecho a mano abierta, patadas, pisotones, empujones, codazos. Algunos esquivados con táctica, otros no, pero poco faltó para los sillazos, la hurracarrana invertida, la cerrajera o el tirabuzón.

El evento requiere por supuesto toda una campaña publicitaria que convierte a la política en un cuadrilátero donde gana el que más grite por eso es que los boletos son gratis.

En la lucha libre mexicana clásica sólo hay dos bandos: los técnicos y los rudos; los primeros porque representan el respeto a las reglas y los segundos porque juegan sucio, hacen piquetes en los ojos y atacan a mansalva pero también, están los “exóticos” que le ponen sabor a la contienda.

Así es la imagen del primer gobierno de Morena en Cuautla. Un gobierno lleno de improvisados que obedecen a la ley del menor esfuerzo, una persona que simplemente estuvo en el lugar y tiempo preciso para operar millones de pesos con la investidura de alcalde después de venir de la nada.

Cada sesión de cabildo la porra de quien defiende el título se hace escuchar, insulta, agrede, balbucea. Una mezcla exacta de tragedia clásica, circo, deporte olímpico, comedia, teatro de la variedad y catarsis laboral, como definió el ensayista Carlos Monsiváis a la lucha libre.

La campana suena para abrir el siguiente round, el público está al borde de su asiento, el impermeable sobre las Haches, el réferi ausente y los comentaristas dispuestos a narrar. Un mano a mano con la fuerza de la incógnita para enriquecer su figura dentro del cuadrilátero, la capucha dota al portador de poderes, le arrebata el miedo y hasta le cambia la personalidad, se crece, se transforma.
De dos a tres caídas sin límite de tiempo, ¿quién hace la cuenta regresiva?