Desatiende Cuautla sus propios riesgos sanitarios

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Redacción

ENERO 2020.- Son constantes los episodios de colapso de drenaje de los desechos en zona de rastros que evidencian la falta de supervisión en el manejo de las aguas residuales, uno de los muchos temas vetados por la actual administración municipal.

Al respecto,  Larisa de Orbe, de la organización Acción Ecológica sostuvo que es una parte de la evidencia de las malas condiciones en que se permite la matanza de los animales para consumo humano.

Con el colapso, la sangre se derramó por la calle sin que se realizara una limpieza por parte de los servicios municipales; recorre el trayecto a lo largo de una base de unidades del transporte público, junto a un apantle que se usa como cuerpo de toma y desecho de agua para lavar los vehículos.

En el cuestionario que la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios diseñó para ser aplicados en las evaluaciones a los rastros y mataderos se advierte que en los derivados del vertido de aguas residuales y decomisos, cuando el agua residual contiene una cantidad alta de materia orgánica, es propicia para el desarrollo de microorganismos patógenos además de contener, entre otros elementos, huevos de parásitos y quistes de amibas, así como residuos de plaguicidas (presentes en el alimento de los animales), cloro (limpieza de instalaciones), salmuera, etc.; resultando ser un contaminante potencial del suelo y el agua, en el que proliferan los malos olores por la descomposición de la materia orgánica.

Explica que, este tipo de residuos, por su humedad y capacidad de descomposición rápida, desprenden gases como el metano, involucrado en el cambio climático global, así como malos olores; atraen a moscas, cucarachas, ratas y otras especies de fauna nociva transmisora de enfermedades; provocan la formación de lixiviados que arrastran contaminantes hacia los cuerpos de agua superficiales o se infiltran hacia los acuíferos, deteriorando las fuentes de abastecimiento de agua para consumo humano e irrigación de campos agrícolas, amenazando, además, los ecosistemas acuáticos.

Estas aguas residuales, vertidas directamente en mantos de agua, generan un ambiente propicio para el desarrollo de moscas y mosquitos capaces de incubar y multiplicar en su cuerpo microorganismos que, posteriormente, podrían ser la causa de enfermedades en el humano, siendo, así, vectores biológicos. Asimismo, actúan como vectores mecánicos al transportar patógenos que se desarrollan en este medio contaminado. Finalmente, es importante resaltar que los rastros municipales consumen una gran cantidad de agua potable, por lo que compiten por ella con la población local y contribuyen al aumento en la demanda de nuevas instalaciones hidráulicas.

La guía para el manejo de residuos en rastros y mataderos municipales, Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios – Cofepris, 2007 establece la importancia de evitar al máximo la disposición de residuos en el drenaje o cuerpos de agua ya que el tratamiento posterior resulta muy costoso y se aumentan los riesgos a la salud de la población.

“Los residuos sólidos y líquidos son vertidos, casi en la totalidad de los rastros, en el drenaje o cuerpos de agua. Esta situación representa, además del evidente daño ambiental, un gran desperdicio de recursos que pueden ser empleados en diversas actividades y bien pueden ser considerados como un subproducto de la matanza. Esto significa que se requiere un cambio de paradigma hacia uno con visión ambientalista en el que se entienda que los residuos no son algo de lo que nos tenemos que deshacer inmediatamente sino que son recursos que podemos y debemos aprovechar. Al mismo tiempo, disminuimos la contaminación de la naturaleza y prevenimos riesgos a la salud humana directa o indirectamente.” (Cofepris, 2007)

La Norma Oficial Mexicana señala que para la disposición de los contenidos estomacales, cerdas, sangre y material similar de desecho, los materiales como contenidos estomacales, cerdas, sangre y estiércol de los corrales o corraletas, se eliminarán mediante un sistema aprobado por las autoridades correspondientes, que contemplen tratamientos que garanticen su inocuidad al ambiente. Los planos o especificaciones indicarán cómo se llevará al cabo tal procedimiento.