La Bolchevique que pudo haber visitado la tumba de Emiliano Zapata


Dulce Valdepeña


EN 101 ANIVERSARIO LUCTUOSO DE EMILIANO ZAPATA/ Aleksándra “Shura” Mijáilovna Kolontái pudo llegar hasta la tumba de Emiliano Zapata durante su presencia en México.


En un año en que se renunció a las actividades masivas en lo religioso y lo social, también motivó a suspender las celebraciones al revolucionario que este 2020 coincidió con los Días Santos al igual que cuando inició el levantamiento armado desde Cuautla.
El cronista, Oscar Apáez Godoy atrajo este aspecto del culto a la imagen de Emiliano Zapata en los “intelectuales de izquierda” como la encargada de la embajada de la URSS en México.


En su libro “Viajeros en los andenes. México 1910-1938”, el escritor, biógrafo y profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana, Álvaro Ruiz Abreu señala que en 1926 Alexandra Kollontai cruzó el Atlántico para asumir el puesto “con la misión expresa —se la había dado su colega y jefe José Stalin— de cerrar las heridas que había abierto su antecesor, Petroski, un comunista de corte ortodoxo que creyó una obligación promover la agitación y la rebeldía social en un país que salía de una revolución”.


En su viaje a México, Alexandra Kollontai hizo amistades pero la fundamental fue con el presidente de la Suprema Corte, Manuel Padilla, hombre culto y que admira, sobre todas las cosas, el socialismo de la Unión Soviética. Ella lo escucha y aprende detalles de la historia de México y su revolución; describe el escritor.
Aunque no hay evidencia fehaciente de que visitó la tumba del General, sí se pudo conocer de su lectura atenta por la historia de México. “Ella pudo apreciar el valor y la destreza de los caudillos de la Independencia, y admirar a Miguel Hidalgo, Morelos, López Rayón, lo mismo que el genio de Simón Bolívar”, añade.
En 1918 Kolontái fue una de las organizadoras del Primer Congreso Panruso de Mujeres Trabajadoras. De este congreso nació el Zhenotdel (Departamento de la Mujer), un organismo dedicado a promover la participación de las mujeres en la vida pública, y en proyectos sociales, y de manera muy especial la lucha contra el analfabetismo.


En una carta, Zapata saludó a la revolución rusa


Pocos meses después del triunfo de la Revolución Rusa, Emiliano Zapata escribía una carta a otro revolucionario mexicano, Jenaro Amezcua
“Mucho ganaríamos, mucho ganaría la humanidad y la justicia si todos los pueblos de América y todas las naciones de la vieja Europa comprendiesen que la causa del México Revolucionario y la causa de Rusia son y representan la causa de la humanidad, el interés supremo de todos los pueblos oprimidos…

Aquí como allá, hay grandes señores, inhumanos, codiciosos y crueles que de padres a hijos han venido explotando hasta la tortura a grandes masas de campesinos. Y aquí como allá los hombres esclavizados, los hombres de conciencia dormida, empiezan a despertar, a sacudirse, a agitarse, a castigar.

Mr. Wilson, presidente de Estados Unidos, ha tenido razón al rendir homenaje, en ocasión reciente, a la revolución Rusa, calificándola de noble esfuerzo por la consecución de libertades, y sólo sería de desear que a este propósito recordase y tuviese muy en cuenta la visible analogía, el marcado paralelismo, la absoluta paridad, mejor dicho, que existe entre este movimiento y la revolución agraria de México. Uno y otro van dirigidos contra lo que Leon Tolstoi – llamara el gran crimen -, contra la infame usurpación de la tierra, que siendo propiedad de todos, como el agua y como el aire, ha sido monopolizada por unos cuantos poderosos, apoyados por la fuerza de los ejércitos y por la iniquidad de las leyes.

No es de extrañar, por lo mismo, que el proletariado mundial aplauda y admire la Revolución Rusa, del mismo modo que otorgará toda su adhesión, su simpatía y su apoyo a esta Revolución Mexicana, al darse cabal cuenta de sus fines.

Por eso es tan interesante la labor de difusión y de propaganda por ustedes en pro de la verdad; por eso deberán acudir a todos los centros y agrupaciones obreras del mundo, para hacerles sentir la imperiosa necesidad de acometer a la vez y de realizar juntamente las dos empresas: educar al obrero para la lucha y formar la conciencia del campesino. Es preciso no olvidar que en virtud y por efecto de la solidaridad del proletariado, la emancipación del obrero no puede realizarse si no se realiza a la vez la libertad del campesino. De no ser así, la burguesía podría poner estas dos fuerzas la una contra la otra, y aprovecharse, v.gr., de la ignorancia de los campesinos para combatir y refrenar los justos impulsos de los trabajadores del mismo modo que si el caso se ofrece, podrá utilizar a los obreros poco conscientes y lanzarlos contra sus hermanos del campo.” Emiliano Zapata
(Carta a Jenaro Amezcua. Cuartel general del Ejército Libertador, Tlaltizapán, Morelos. 14 de febrero de 1918).