ALGO SOBRE EL AJEDREZ Y SU HISTORIA (TERCERA PARTE)

BREVES HISTORIAS Y ALGO MÁS.

ALGO SOBRE EL AJEDREZ Y SU HISTORIA (TERCERA PARTE)

J. Enrique Alvarez Alcántara

15 de abril del 2020

Al Dr. Jesús Ramírez-Bermúdez

¿De máquinas a Dioses?
Ajedrez entre Seres Humanos y Máquinas: Desde “El Turco” a “Deep Blue”

Recientemente, en Twitter, Sergio J. Villaseñor Bayardo envió el siguiente mensaje al Dr. Jesús Ramírez-Bermúdez: “Estimado amigo: acabo de leer el libro de (…Bartra…) sobre chamanes y robots, ¿qué opinas de la activación mecánica de las neuronas? Saludos cordiales”. A lo que el Dr. Ramírez-Bermúdez respondió amablemente compartiendo un artículo suyo, publicado en La Razón, intitulado: Caminos a la Conciencia Artificial.

Leí dicho artículo en el cual da comienzo con una interrogante que, de cierta manera, es central en la ciencia ficción; ¿Es posible generar máquinas conscientes de sí mismas y del mundo? Y conjetura que “Quizá un punto de inflexión en la historia de esa pregunta ocurrió en 1996, cuando la supercomputadora de IBM, Deep Blue, derrotó en ajedrez al campeón Gary Kasparov. Aunque Kasparov venció a la computadora en tres partidos subsecuentes y empató en dos, esa derrota inicial recorrió el mundo y quizá modificó de manera permanente la imagen del ser humano frente a sí mismo”. Y, aún más, rematará categórico Ramírez-Bermúdez: “Si la mitología religiosa había puesto al hombre (… léase el ser humano…) en el centro de la naturaleza, los encuentros cara a cara entre la inteligencia artificial y el campeón de ajedrez nos indicaron que la predicción formulada por obras de ciencia ficción podría cumplirse: las máquinas tomarían, tarde o temprano, el lugar más alto en la jerarquía cognitiva, , y por lo tanto en las relaciones de poder dentro de del planeta Tierra…”.

No me propongo un análisis filosófico ni neuropsicológico del artículo citado para valorar las ideas que presenta Ramírez-Bermúdez; empero sí pretendo presentar una descripción historiográfica sobre los orígenes y el desarrollo de los simuladores, robots o máquinas que pudieran jugar ajedrez y, con base en ésta, expondré algunas tesis sobre lo que se le interroga al Dr. Ramírez-Bermúdez y lo que responde, inicialmente.

Debo aclarar que a lo largo de su artículo presenta una argumentación que no se reduce a las interrogantes con las que comienza y, aún más, explica por qué es insostenible la tesis derivada de la ciencia ficción. Afirmará explícitamente Ramírez-Bermúdez: “Aunque nadie puede dudar de los alcances vertiginosos de la inteligencia artificial, el tema de la inteligencia consciente es un asunto aparte”.

Por ello sólo abordaré la cuestión en torno al ajedrez. Entremos pues en materia.

Debo comenzar este apartado refiriendo, nuevamente, el libro: Eso no Estaba en mi Libro de Historia del Ajedrez, de Antonio Gude, editado por Almuzara, España, 1918; en este texto el autor dedica el capítulo cuatro a este asunto.

Johann Wolfgang von Kempelen (1734-1804) fue un ingeniero e inventor húngaro que, entre sus inventos más sonados se refieren el sistema de riego para los jardines del palacio de Scönbrunn, además de una máquina parlante; sin embargo, quizá su creación más impresionante, fue un autómata que jugaba al ajedrez (1769).

Éste despertó, casi de inmediato, sumo interés; el ingeniero que lo diseñó se dedicó a realizar una serie de exhibiciones que quedaron encerradas dentro de la Corte Imperial de Austria, sin mayor impacto.

Pero el “Turco” (ese fue el nombre con el cual se conoció a tal autómata) resucitó de entre los muertos porque José II, sucesor de María Teresa, en el año de 1781, ordenó a Kempelen reconstruirlo para distraer al Duque Paul, futuro Zar de Rusia, y a su esposa. Desde ese momento comenzó la carrera del “Turco” por toda Europa.

Según expresa Antonio Gude: “La clave de la exhibición residía en el rito inicial. El presentador abría una puerta a la izquierda y otra puertecita de adentro, y entonces iluminaba aquel espacio con un candelabro, de modo que los espectadores pudiesen ver la maquinaria y el espacio. Entonces se abrían un cajón y otras dos puertas frontales y una posterior, que se volvían a iluminar acercando el candelabro. De este modo, parecía evidente que todo el interior de la figura se había mostrado. No había trampa ni cartón, como decían los antiguos charlatanes de feria”.

Como datos curiosos debo señalar que, pese a que Philidor lo derrotó, el autómata mantuvo un excelente nivel ajedrecístico.

Siempre hubo quienes siendo muy perspicaces pensaban que el “Turco” no jugaba, sino que algún ser humano, experto en ajedrez, oculto de algún modo, pese a no hallar la forma en que hacía la jugada o “veía” la partida y el tablero.

Von Kempelen falleció en el año de 1804 y Johann Nepomuk Maeltzel, quien, según se dice, inventó el metrónomo para Beethoven, compró al “Turco” y siguieron las exhibiciones; se dice que Napoleón Bonaparte, en el año de 1809, se enfrentó al autómata, quien le derrotó.

Más tarde, se supo que expertos jugadores de ajedrez eran quienes manipulaban al “Turco”; según se refiere, manipularon al autómata Johann Allgaier (1809), Bancourt (1818), Alexandre Weyle (1818), William Lewis (1818-1819), Elijah Williams (1819) y Jaques-François Mouret (1820).

Ya en los EE.UU (1826), por unos dólares más, reveló el secreto del “Turco”, aunque no pasó a mayores; sin embargo, en el año de 1836, Edgar Allan Poe, publicó un artículo revelando nuevamente el secreto y, ahora sí, tuvo un impacto devastador.

Tuvieron que transcurrir 84 años para que se supiera, de modo verosímil, el “secreto del Turco” y, consecuentemente, ocurrió su muerte definitiva.

Hubo otro autómata de nombre Ajeeb el egipcio (1868) y fue diseñado y construido por Charles Hooper (1825- 1901). Sin embargo, en este caso su operador sí se ocultaba dentro del maniquí, a diferencia del “Turco”.

Posteriormente, Charles Godfrey Gümpel, diseñó y construyó un autómata de nombre Mephisto (hacia 18590) que era manipulado, a diferencia de sus dos predecesores, mediante un mecanismo eléctrico a control remoto.

Desde este momento, hasta Deep Blue, creado por IBM, tenemos un avance tecnológico creado por los seres humanos.

No podemos dejar de reconocer que los avances de la informática, la inteligencia artificial, la robótica y los sistemas computacionales han dominado nuestro universo a partir del último cuarto del siglo XX. Uno de los hechos que históricamente no podemos eludir es el de la invención de Deep Blue.

Éste ha sido considerado, hasta ahora, el mejor jugador de ajedrez de la historia de los modelos artificiales, debido a que derrotó al campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov, en el año de 1997.

Bajo el supuesto demostrable de que el avance científico-tecnológico era ya muy complejo, se consideró muy probable que una computadora (teniendo una capacidad de cálculo muy superior a la de cualquier ser humano en velocidad, cantidad de información manejada, así como en la ejecución de las operaciones) podría derrotar al mejor jugador de ajedrez.

Debemos considerar que Deep Blue no surgió de la nada, sus predecesores inmediatos fueron Chip Test y Deep Thought. Aunque es necesario decir que desde el “Turco”, “Ajeeb el egipcio” y “Mephisto” ya se pensaba en ello.

Una vez construido Deep Blue se programaron los primeros encuentros entre Gary Kasparov y la máquina, a partir del año de 1996. En un match de seis partidas, ganó el campeón mundial ruso (3, 2, 1), con un total de 4-2 (contando un punto por partida ganada y ½ punto por partida empatada). Pese a ello, para IBM, era la primera vez que una computadora le ganaba a un campeón del mundo. Desde luego sin contar las peripecias del “Turco”, “Ajeeb el egipcio” y “Mephisto”.

Es destacable el hecho de que tras esta derrota los ingenieros de IBM y sus asesores expertos jugadores de ajedrez “mejoraron el equipo mejorando el hardware y el software de modo tal que duplicaron la capacidad de Deep Blue para procesar hasta las 200 millones de jugadas por segundo y evolucionando sus sistemas de “memoria”, “procesamiento” y “toma de decisiones de movimientos”.

Entonces, para el año de 1997 se programó la revancha entre Deep Blue y Gary Kasparov, perdiendo el campeón mundial, (3 ½ contra 2 ½).

Conviene decir que al término de cada partida, los ingeniero y expertos en ajedrez reprogramaban a Deep Blue, de modo tal que siempre hubo seres humanos que corrigieron y tomaron las decisiones de la máquina.

El fin de Deep Blue llegó cuando fue desmantelado y no volvió a ser utilizado jamás.

De esta breve historiografía conviene resaltar los hechos siguientes.

1.- Siempre, e invariablemente, las manos y el cerebro de seres humanos se encontraron detrás de los orígenes, desarrollo y término o fin de todos y cada uno de los autómatas.

2.- Siempre, e invariablemente, las manos y cerebro de seres humanos se encontraron en la operación corrección de errores y mejora de la “capacidad” de juego de los autómatas.

3.- Siempre, e invariablemente esta serie de autómatas fue creada, diseñada desahuciada, bajo ciertas condiciones históricas, culturales y sociales que hicieron posible la existencia de los mismos.

4.- Ninguno de los autómatas creados, hasta ahora, ha mostrado expresiones, en sentido psicológico, del desarrollo de la consciencia, memoria autobiográfica, autorreferencialidad, actitud intencional, sentido de pertenencia e idea de futuro.

En fin, siguiendo lo que expresa Antonio Damasio en El Error de Descartes o en Sentir lo que Sucede, ese carácter activo en cuanto a un sí mismo o un sentimiento de mismidad no se aprecia en ninguno de los autómatas.