JUGAR “A CIEGAS”, JUGADORES CIEGOS Y LAS HERMANAS POLGAR

BREVES HISTORIAS Y ALGO MÁS.

ALGO SOBRE EL AJEDREZ Y SU HISTORIA (CUARTA PARTE)

J. Enrique Alvarez Alcántara

JUGAR “A CIEGAS”, JUGADORES CIEGOS Y LAS HERMANAS POLGAR.

22 de abril del 2020

A la memoria de mi amigo Ángel Rivière Gómez

A lo largo de la Historia del ajedrez se ha considerado como una hazaña asombrosa y digna de admiración jugar contra varios oponentes a la vez, “juegos de simultáneas”, o jugar con los ojos vendados, jugar “a ciegas”. Tan es así que varios de los grandes personajes dedicados a jugar ajedrez profesionalmente han incrementado su fama gracias a esta actividad y sus exhibiciones. Cabe resaltar el hecho de que a lo largo de la historia del ajedrez no sólo se han realizado tales prácticas y exhibiciones, sino que se han documentado de manera amplia y no sin asombro o perplejidad.

Para nosotros, los estudiosos de los fenómenos psicológicos, no deja de ser sorprendente que tales asuntos no hayan formado parte de los contenidos de aprendizaje, análisis o investigación durante nuestra formación profesional, pese a que son de fundamental trascendencia para comprender la estructura y función de los procesos psicológicos superiores que participan en dichas actividades.

Las partidas simultáneas de ajedrez tratan de exhibiciones en las cuales un jugador, el que da muestra de su competencia para ello, juega múltiples partidas, simultáneamente, contra varios adversarios (frecuentemente muy por debajo del nivel del Maestro). En estos casos, según se ha documentado, la cantidad de jugadores puede rebasar los 20 oponentes.

Conviene decir que el jugador que juega “simultáneas” va de tablero en tablero, en un orden determinado. Es importante destacar que en todas las partidas “simultáneas”, quien juega contra varios ajedrecistas, juega con las piezas blancas, lo que implica que el primer movimiento de las partidas le corresponde a él.

Algunos de estos jugadores de “simultáneas”, además, lo hacen con una venda en los ojos de modo tal que, sin ver, van respondiendo diciendo en un código algebraico los movimientos a realizar ante cada oponente.

Paul Morphy, André Danican Philidor, José Raúl Capablanca, Arturo Pomar, Sergei Karjakin, Ruslan Ponomariov, Harry Nelson Pillsbury, Mijail Tal, Bobby Fisher, Louis Paulsen, Magnus Carlsen, Alexander Alekhine, Miguel Najdorf, Timur Gareyev, Marc Lan y Judith Polgar, entre varios más, han sido reconocidos como referentes inevitables en esta trama.

Como debemos suponer, jugar “simultáneas” o “a ciegas” requiere un proceso de construcción de estrategias cognoscitivas que provean a tales personajes de recursos perceptivos, de memoria, atención, concentración, toma de decisiones, flexibilidad mental y, sobremanera, estabilidad emocional para no sucumbir ante el volumen de información, la ansiedad, la presión y otros estresores que se presentan en estas dinámicas; estas competencias, indudablemente son excepcionales y asombrosas.

Jugar “simultáneas” o “a ciegas” requiere permanentemente de acciones, actividades y tareas que demandan una línea continua de procesos de razonamiento y representación, como expresaba Ángel Rivière Gómez (1949-2000) en su tesis doctoral, que le permiten al jugador de “simultáneas” o “a ciegas” analizar, interpretar, decidir u optar un único movimiento ante la infinita variedad de movimientos probables.

Jugar “simultáneas” o “a ciegas” requiere un proceso secuencial y simultáneo de procesos perceptivos, atencionales, de concentración, de memoria (no sólo visual), análisis y síntesis, abstracción y generalización, toma de decisiones, jerarquización de jugadores que demandan más tiempo de análisis, etcétera.

Sabedores somos de que una persona que no sabe jugar ajedrez, otra que sí sabe jugarlo, pero en niveles básicos, un experto y un Gran Maestro, frente a un tablero y una posición de una partida no perciben la misma realidad de juego ni, mucho menos, la cantidad de movimientos probables que pudieran realizarse en cada uno de los tableros. Tampoco reconocen significativamente lo que pudiera representar cada partida en cada tablero. Percibir, reconocer, recordar, transferir lo aprendido a nuevas situaciones, valorar o determinar qué hacer frente a los tableros, etcétera, se encuentran condicionados por las experiencias y vivencias (perzhivanie) tanto en sentido cognoscitivo, como afectivo-emocionales e histórico-culturales que los jugadores de ajedrez han enfrentado a lo largo de su vida.

Sin embargo, tales hazañas, pese a permitirnos investigar y reflexionar sobre tales procesos bajo el supuesto de una “normalidad neurocognitiva” o anatomofisiológica, no nos permiten comprender de qué recursos se valen aquellas personas que, siendo ciegas de nacimiento o en los primeros momentos de la infancia, juegan al ajedrez con altísimos niveles de competencia y pueden realizar hazañas como las que he descrito en estas primeras líneas. Es decir, bajo la premisa de que la “neurodiversidad” es más recurrente que la “normalidad neurocognitiva” o anatomofisiológica, es necesario trascender lo cotidiano e ir “más allá de lo evidente” (Leono dixit) porque “no todo lo que los ojos ven resulta cierto” (Kalimán dixit) o, al decir de El Principito: “Lo esencial es invisible para los ojos”.

Conocer los orígenes y el desarrollo de los mecanismos y procesos psicológicos que subyacen, en las personas con ceguera, al aprendizaje y el mismo acto de jugar ajedrez demandaría una línea de investigación específica, entre psicólogos e investigadores en ciencias cognitivas y neurociencias.

Además del conjunto de procesos psicológicos que he referido, es imprescindible incluir las estrategias de orientación y el tacto activo, en la actividad lúdica y cognoscitiva, como hubieran sugerido los psicólogos soviéticos P.Y. Galperin, Boris Lomov o A. Meshcheryakov.

En tratándose del ajedrez, debemos considerar, en principio, que las personas con ceguera requieren de adecuaciones de acceso para poder jugarlo; al compensar su deficiencia y poder Interconstruir, por otras vías y por otros medios, alternativas de acción, representación y razonamiento compensatorias es posible materializar el acto de jugar.

Como sugería L.S. Vigotski, en sus Fundamentos de Defectología, siguiendo a Alfred Adler, ante el defecto tenemos como estrategia prínceps de afrontamiento, la actividades, acciones y tareas compensatorias. Otra vez, por otras vías y por otros medios, al mismo objetivo.

El ajedrez para personas con ceguera tiene, prácticamente, las mismas reglas que para todo mundo; las personas ciegas suelen requerir algunas adaptaciones para poder jugarlo. Por ejemplo, el tablero para las personas ciegas tiene los escaques negros ligeramente más altos que los blancos; las piezas negras llevan, en la parte superior, unas protuberancias que las diferencia de las blancas; cada cuadro del tablero tiene un pequeño hoyo en el centro; a diferencia de las reglas para personas no ciegas, las manos del jugador ciego pueden tocar las piezas sin derribarlas y sin que se halle obligado a mover la pieza tocada; y, cuando juegan dos personas ciegas, la partida se desarrolla en dos tableros y cada jugador debe “cantar” la jugada para que el otro escuche. Es decir, es imprescindible considerar el rol que juegan las manos y el tacto activo como instrumento de orientación, de tal modo que se encuentra por encima del sistema visual y la memoria visual. La orientación en el espacio del tablero y en el “espacio mental” (Henri Wallon dixit) se sustenta en las manos, el movimiento y el tacto activo, a través de la palpación, y no sólo en la audición como pudiera el sentido común hacernos creer.

 

Para tratar de “incluir con equidad” a las personas ciegas a este deporte-ciencia, la FIDE ha creado la modalidad para personas con discapacidad visual, separada de la de la tradicional práctica del ajedrez profesional. Sin embargo, no todos los jugadores ciegos se han subordinado a esta estrategia de exclusión y han decidido participar en torneos en condiciones de igualdad con el resto de los jugadores de ajedrez.

 

Veamos un caso conocido en este ámbito.

 

Valery Borísovich Sálov (1964- Polonia), es reconocido como un Gran Maestro ruso del ajedrez; aprendió a jugar a los ocho años de edad y desde muy joven ya hubo sido campeón del mundo sub 16, en 1980, con una edad de 15 años y algunos meses cumplidos, además de haberse coronado campeón de Europa Junior en 1983-1984. Ese mismo año obtuvo el título de Maestro Internacional y en el año de 1986 el de Gran Maestro.

 

Cabe destacar que en el campeonato soviético de 1988 finalizó en 3º lugar, empatando con Artur Yusúpov, un poco detrás de Anatoli Karpov y Gari Kaspárov. En el año de 1991 ganó el Torneo de Amsterdam, por delante de Kárpov y Kaspárov.

En el año 2000 dejó de jugar ajedrez y, según creen algunas fuentes, se halla aquejado de un problema de salud mental, muy similar al de Bobby Fisher.

 

Es aquí donde cabe preguntarse: ¿Cómo se desarrolla y expresa el conjunto de procesos psicológicos que subyacen a esta actividad en una persona ciega, como lo es Valery Sálov? Considerando además que es un jugador ciego que ha aprendido a jugar en el país más destacado en el asunto de ajedrez.

 

No es únicamente un proceso compensatorio individualmente, y debido a las cualidades personales del personaje; es, sobremanera, resultado de un proceso condicionado histórica, social y culturalmente.

 

*

Si revisamos cualquier historia del ajedrez podremos darnos cuenta que, desde sus orígenes, ha sido un juego de y para varones. La totalidad absoluta de campeones mundiales de ajedrez han sido varones y, la amplia mayoría, soviéticos o rusos.

 

Bajo estas circunstancias esta historia es necesaria y trascendente.

 

Así como se describió el caso para los jugadores de ajedrez ciegos, algo similar se observó con las mujeres.

 

Para atisbar un poco este asunto veamos el caso de las hermanas Polgár.

 

Segú expresa Antonio Gudé en su texto Esto no estaba en mi libro de historia del ajedrez: “En la Olimpiada Femenina de Salónica (1988), Hungría presenta en su segundo tablero a una niña de 12 años que causa sensación. La niña realiza la hazaña de finalizar invicta, ganado doce partidas y unas tablas lo que le reporta la medalla de oro individual, además de contribuir decisivamente al triunfo final de su equipo. Hoy Judit Polgár es famosa en todo el mundo y tiene la incuestionable reputación de ser la mejor ajedrecista de la historia”.

 

Como es sabido, los padres de Judit, Zsuzsa y Zsófia Polgár, Laszlo y Klara Polgár, pedagogos de profesión, decidieron educarlas dentro del seno familiar; para ello solicitaron a las autoridades correspondientes la dispensa de asistir a la escuela y someterse únicamente a los exámenes anuales.

 

Es destacable el hecho de que Laszlo aspiraba a mucho más que eso; se proponía demostrar que era posible “convertir a sus hijas en ajedrecistas profesionales” a través de un entrenamiento intensivo, sistemático y prolongado. Según ha dicho el propio Laszlo en varias entrevistas, “el ajedrez debía enseñarse desde muy temprana edad y también demostrar que las mujeres podrían jugar tan bien como los hombres”.

 

Para el año de 1984 Zsuzsa, con apenas 15 años, aparecía ya en el ranking mundial femenino. Ese mismo año. Zsófia y Judit se enfrentan a dos maestros “a ciegas”, ganándoles.

 

Judit Polgár, cuando tenía apenas diez años, derrota por vez primera al maestro rumano internacional Dolfi Drimer; en el Open de Nueva York, en su sección, gana sus siete primeras partida y la octava hace tablas. Su triunfo le reportó 1, 000 USD como premio. En el año de 1988, con once años, consigue su primera norma de maestra internacional y gana el Open de Londres por delante del Gran Maestro Israelí Kraidman.

 

Ese mismo año, ante la pregunta de un periodista que quería saber por qué sólo quería participar en torneos masculinos, respondió: “Porque las otras chicas no se toman el ajedrez tan en serio como yo, que entreno cinco o seis horas diarias, mientras ellas se ocupan de labores domésticas”.

 

Asimismo, ese año se proclama campeona mundial sub 14 y también se desarrolla la Olimpiada de Salónica en la cual el equipo femenino húngaro estaba formado por las tres hermanan Polgár e Ildiko Madl. En el segundo tablero Judit gana 12 partidas y cede unas tablas.

 

Para enero de 1989 es ya la número uno del ranking femenino mundial.

 

Para el año de 1991 se proclama campeona absoluta de Hungría obteniendo el título de Gran Maestra a la edad de 15 años, el más joven de la historia. En enero de lo había conseguido su hermana Zsuzsa, mayor que Judit.

 

En el año de 1992, en el torneo de Madrid, queda 2º lugar, sólo abajo del campeón del mundo Anatoly Karpov. Un año después, con 16 años cumplidos, tiene un match con el excampeón del mundo Boris Sapassky y Judit lo derrota por 5,5-4,5.

 

En agosto de 1994, el periodista Robert Byrne escribió en su columna del The New York Times: “Siempre surge la eterna cuestión de quién es el mejor jugador de la historia y parece que las mejores cartas las tienen Fisher, Kasparov, Capablanca, Alekhine o Lasker, pero de lo que nadie tiene la menor duda es de que la mejor jugadora de la historia es la joven de 21 años Judit Polgár”.

 

Aún más reconocido es que en un match con Kasparov, en el año de 1988, de partidas a 30 minutos, Judit lo derrota por 5-3.

 

En el 2014 se retira del ajedrez para dedicarse a su familia e hijos.

 

Como vemos, pues, esta última historia nos permite mostrar que los límites son impuestos por contexto, cultura y, sobremanera, actitud ante la vida.