UNA SOCIEDAD LIBRE DESDE EL PENSAMIENTO

Alejandro Smith Vázquez

ABRIL 2020/ Vivimos en una cultura que tiene terror a la muerte, que no confía casi nada en su propia paz o seguridad interior, que sabe poco, y que es muy manipulable; sin pretender afirmar o negar algo sobre el asunto de la pandemia y sus cuidados, me parece que sus efectos y reacción son de observarse.


La población ha aceptado el miedo que le infunden a diario con datos que no son ni siquiera tan espantosos como lo son los que acontecen desde hace décadas respecto de las muertes por la existencia de delincuencia organizada, o delitos que llevan a miles a la muerte.


Tampoco es más espantosa la situación que lo que acontece con las decenas de miles que mueren a diario por hambre.


Pero esos datos no están en la consciencia de las personas, porque la gran maquinaria mediática no los pone en la consciencia colectiva. Y la población o no los conoce o si se ha topado con ellos, no les ha parecido ni relevante ni importante.


Así a fuerza de magnificar una tragedia sanitaria, que se une a otras tragedias sanitarias de igual o mayor magnitud, la población obedece por miedo a la posibilidad de enfermar o morir, y actúa incluso en contra de su propia seguridad en el mediano o largo plazo.


He leído a muchas personas que afirman o se afirman ser responsables por seguir las prescripciones que detienen a la economía, que implican casi de manera obvia la multiplicación de pobreza, de miseria, de hambre y de más muertes que las que se pretende evitar.


Hoy se hace tan clara la afirmación de Saramago, que somos una sociedad que tiene ojos pero no ve, no puede ver, está ciega y puede ser guiada incluso al mismo infierno imaginando que va al cielo.


Es urgente que aprendamos a pensar, que se levanten los hábitos del debate, del pensamiento crítico y reflexivo, que se entienda de una buena vez que no hay educación que sirva si no logra individuos dispuestos a cuestionarlo todo, a pensarlo todo, a hacerse a sí mismos, a confiar en su propio criterio y a tener la fuerza colosal para no ser avasallados ante la opinión generalizada, ante paradigmas creados a modo.


La libertad sin duda inicia en el pensamiento libre, el que ha dejado las cadenas de la inercia de un pensamiento ciego aunque multitudinario.

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