LA CUESTIÓN PALESTINA (primera parte)

HISTORIAS BREVES Y ALGO MÁS

 

LA CUESTIÓN PALESTINA

(PRIMERA PARTE, INTRODUCCIÓN)

 

29 de abril del 2020, “Año del SARS CoV 2”

 

  1. Enrique Alvarez Alcántara

 

Al Pueblo Palestino

Al Dr. Ahmad Sobeh

 

 

Las raíces de la Cuestión de Palestina se remontan a las postrimerías del siglo XIX, en otras palabras, a ese período que llamamos la era del colonialismo y asentamientos, tal como lo conocemos hoy en día. Este es precisamente el período en el que nació el sionismo como un plan; su objetivo era la conquista de Palestina por inmigrantes europeos, al igual que colonos, colonizaron, y de hecho incursionaron, en la mayor parte de África. Este es el período durante el cual, viniendo del oeste, se extendió el colonialismo en los confines de Africa, Asia y América Latina, construyendo colonias por todas partes, con la cruel explotación, opresión y el saqueo a los pueblos de esos tres continentes. Este período persiste en la actualidad. Y marcada evidencia de su presencia totalmente reprobable, puede percibirse fácilmente en el racismo practicado tanto en el Sudáfrica como en Palestina (…) Tal como el colonialismo y sus demagogos dieron títulos a sus conquistas, al saqueo y los ataques sin límites a los nativos de África con un llamamiento a una misión de “civilizar y modernizar”, también lo hicieron las olas de inmigrantes sionistas, disfrazando sus objetivos, como conquistaron Palestina. Así como el colonialismo como un sistema y los colonialistas como su instrumento, utilizaron la religión, el color, la raza y el idioma para justificar la explotación de África y su sometimiento cruel por el terror y la discriminación, también fueron, con estos métodos empleados, como Palestina fue usurpada y su pueblo perseguido desde su país de origen”.

 

Yasser Arafat (1974)

 

Acudiré a mi memoria y mis recuerdos como herramienta para escribir la introducción de esta colaboración; lo hago así, en primera persona, contra los preceptos de redacciones con criterios académico APA, porque forman parte de mi vida, de mis sueños, quimeras, esperanzas, ideología, participación y luchas políticas vividas y vívidas, en esos años del siglo XX; lo hago así porque pudiendo parecer que no debiera ser de este modo, o porque pudiérase decir que no somos lo que es nuestra memoria, sin embargo, sin memoria quedaríamos suspendidos en el vacío histórico, personal y colectivo, político y cultural y, finalmente, porque sin memoria vagaríamos, cual parias trashumantes y harapientos, en la orfandad, sin herencia recibida o sin patrimonio que dejar a las nuevas generaciones.

 

Corría el año de 1976 cuando, siendo estudiante en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Sur, de la UNAM, un profesor que impartía la clase de Historia, con quien siempre he mantenido una excelente relación amistosa, me platicó de su interés por terminar su tesis de grado sobre “La Cuestión Palestina”; este profesor, Raúl Fidel Rocha y Alvarado, viendo mi interés por este asunto, me recomendó que estudiara tal fenómeno social. Por esa misma época se publicaba una revista cuyo nombre era Medio Oriente Informa (MOI) y regularmente la leía, además de que Neiva Moreira, un intelectual y político brasileño, había fundado y editado la revista Cuadernos del Tercer Mundo, que teambién seguía regularmente; debo decir que desde hace ya varios años tales revistas no volvieron a aparecer. Debo también resaltar el hecho de que varios números de las mismas dedicaron extensos y profundos artículos a la “Cuestión Palestina” (la portada de uno de éstos es la que aparece en esta introducción).

 

Por esa misma época, a través de Ediciones Extemporáneos se editó y publicó un pequeño libro de Ignacio González Janzen cuyo título fue La Revolución Palestina que, por lo demás, leí ávidamente en cuanto apareció en las librerías.

 

Pocos años después, y no recuerdo la fecha precisa, la Representación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en México comenzó a editar y publicar un boletín en el cual se exponía presentaba mensualmente la situación en Palestina, además de presentar su cultura y, sobremanera, su poesía, su literatura y a sus escritores y poetas, fue así como accedía a la obra de Mahmud Darwish, Samih Al Kasim, Fadwa Tukan y otros más.

 

El Representante de la Delegación Palestina, en ese entonces, era el Dr. Ahmad Sobeh, a quien busqué para tratar de charlar y entrevistar, por mi interés en la situación de Palestina. Tuve la fortuna de que me recibiera y de hacerme muy cercano a él.

 

De esta manera, si debo mencionar mis fuentes originales en el estudio sistemático y en el conocimiento de esta cuestión no tengo duda que a estos cuatro personajes debo lo poco o mucho que originariamente conozco; Raúl Fidel Rocha y Alvarado, Neiva Moreira, Ignacio González Janzen y el Dr. Ahmad Sobeh. Empero, sobremanera, al pueblo palestino que no ha dejado de luchar por recuperar su territorio usurpado, su historia y su identidad.

 

Deseo comenzar citando al mismo Dr. Ahmad Sobeh, a través de un artículo publicado por la Revista Nueva Antropología, Vol. 5, Núm. 20, México, 1983, e intitulado Palestina: Pasado, presente y futuro: “Después de la Segunda Guerra Mundial, todos los conflictos locales, regionales o internacionales, se resolvieron de una forma favorable a los pueblos que han luchado por su independencia y liberación nacional. Sin embargo, en Oriente Medio, las cosas no han tenido tan buena suerte ya que se han deteriorado con el transcurrir de los años y lo más trágico en este caso es que no se vislumbra una solución a corto plazo que satisfaga los derechos inalienables del pueblo Palestino”.

 

Han transcurrido ya más de 35 años desde que el Dr. Ahmad Sobeh escribiera estas breves palabras y considero que no han perdido vigencia; más aún, si trasladásemos éstas, así como las que el propio Yasse Arafat, hace ya más de 45 años, hubiera expresado en una Asamblea General de la ONU, concordaremos con el hecho irrefutable de que pudieron haber sido escritas y dichas ayer u hoy y no pierden actualidad.

 

Mucho se ha escrito a este respecto; por ejemplo, en el año de 1986, R. J Walsh publicó su libro La Revolución Palestina, y en éste expresa estas tres muestras que comparto con ustedes para explicarnos el hecho:

 

“- ¿Cómo te llamás? – Zaki. / – ¿Qué edad tenés? – Siete. / – ¿Vive tu padre? – Murió. / – ¿Qué era tu padre? – Fedaí (Fedayín). / – ¿Qué vas a ser cuando seas grande? – Fedaí”.

 

2ª “El chico rubio de cabeza rapada y uniforme a rayas que da estas respuestas en una escuela de huérfanos al sur de Beirut, Líbano, resume la mejor alternativa, que tras 26 años de frustración resta a tres millones de palestinos despojados de su patria: convertirse en fedayines, combatientes de la Revolución Palestina”.

 

3ª “Palestina es mi país, dice Ihsan. Nunca estuve en Palestina, dice, pero algún día volveré porque nuestros comandos están peleando para que volvamos. / Mi padre murió en Abar el Djelili, dice Naifa. La muerte de mi padre no me duele, porque murió por nosotros. / Mi padre se llamaba Salah, dice Randa. Estaba peleando y murió (…) Ninguno de los 480 huérfanos de la escuela de Suq el Garb, al sur de Beirut, había visto Palestina si no era a través de los ojos del padre muerto”.

 

Ya abordaré en la segunda parte de esta colaboración las raíces de “La Cuestión Palestina”, su desarrollo y perspectiva; mientras tanto seguiré con los aspectos más humanos y menos académicos, como una Introducción, para aproximarnos con otros espejuelos a este asunto, para algunos inexistente o, para otros, hoy olvidado.

 

Posteriormente, en la misma década de 1980 a 1990, la Representación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) auspició una pequeña obra de teatro (Pieza en un Acto), escrita de manera libre por Hiram Ramírez, titulada Escribe que soy palestino, con poesía y textos diversos de Mahmuhd Darwish, Gassan Kanafani, Tawfiq Zayyad, Samih Al – Qasim, Nizzar Gabbani, Salim Jubran, Fadwa Tuqan, Ikram Antaki, Yasser Arafat, Ahmad Sobeh, Antiguo y Nuevo Testamento y del propio escritor. Esta pieza teatral se presentó en un espacio de la hoy Ciudad de México y no volvió a saberse más de ella; razón por la cual presento algunos fragmentos de la obra, sabiendo que no se impuso impedimento legal de Derechos de Autor para darla a conocer y, aún más, que dejaron en manos de quienes así lo considerásemos, extenderla para su conocimiento:

 

“–EXPOSITOR: Palestina es un puente que une tres continentes: Asia, África y Europa. Está en el corazón del mundo árabe y es la encrucijada entre su oriente y su occidente. Después de las sucesivas invasiones y conquistas que sufrieron los pueblos asentados en Palestina, en el año 636 comienza una nueva era: la gran oleada que bajo la bandera del Islam constituye una etapa decisiva en la historia árabe e imprime definitivamente y en forma irrevocable a Palestina su carácter árabe. Los cruzados ocupan Jerusalem en 1099 hasta que en 1187 Saladino-El-Ayubi vence a los cruzados y libera Jerusalem. En 1517 comienza la dominación otomana que durará cuatro siglos, hasta que en 1917, los palestinos, junto con sus hermanos árabes, se rebelan uniéndose a los aliados después de que éstos prometen la independencia a todos los árabes una vez terminada la primera guerra mundial. Esta promesa no fue cumplida. En lugar de independencia vino la colonización, preludio a la creación de un Estado sionista en Palestina. En 1917 tiene lugar la célebre declaración Balfour como respuesta a las aspiraciones sionistas. Un extracto de ella, llamada así debido a que quien la proclamó fue el ministro británico de asuntos extranjeros Arthur James Balfour, es el siguiente: (Toma una hoja de papel) ‘El gobierno de su majestad considera favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo Judío y dedicará todos sus esfuerzos a la realización de este objetivo, en el entendido de que no se hará nada que atente contra los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías que existen en Palestina, ni contra los derechos y el estatuto político de que gozan los judíos en cualquier otro país’ (Deja en la mesa el papel). Ahora bien, ¿qué es el sionismo? Sión es el nombre de una colina en Jerusalem, donde, según los judíos, Yahvé establecerá su gloria. En otras palabras, el sionismo pretende restablecer al Estado judío en Palestina después de dos mil años de ausencia. A lo largo del mandato del período británico, entre 1917 y 1948, el pueblo palestino se rebela contra el complot sionista e imperialista, llevando a cabo distintos levantamientos. (Toma otro papel) Un breve balance sería el siguiente: ciento noventa y seis revolucionarios nacionalistas condenados a muerte y colgados; trescientos revolucionarios condenados a trabajos forzados a perpetuidad; miles de palestinos encarcelados en prisiones y campos de concentración. El número de mártires árabes palestinos durante el mandato británico se calcula en más de cincuenta mil. Después del comienzo del mandato británico, las autoridades estimulan la constitución de organizaciones y partidos sionistas en Palestina y autorizan su actividad militar, reprimiendo sangrientamente todo acto similar por parte de los palestinos. Poco antes de terminar el mandato, grupos del Irgún –una de las organizaciones terroristas sionistas- lleva a cabo una agresión bárbara contra la aldea de Deir Yassin. Hombres, mujeres y niños fueron exterminados, lo cual provocó pánico entre la población árabe y se produce el éxodo de los palestinos hacia los países fronterizos y los asentamientos en campamentos de refugiados.

 

–EXPOSITOR: Antes de retirarse de Palestina en 1948, las fuerzas británicas entregan la mayor parte de su armamento a los sionistas, que se hacen dueños del 78 por ciento de la superficie de Palestina. Para ese año, en Palestina hay 700 mil judíos y la población árabe alcanza la cifra de un millón 400 mil habitantes, es decir, el doble de la población sionista.

 

–HOMBRE: Sobre las ruinas, nuestra rosa. Nuestros dos rostros sobre esta tierra ajena y húmeda de lluvia. ¿Recuerdas? Cuando pasaron los vientos del verano, alzamos nuestros pañuelos muy despacio y como misioneros nos fuimos en las notas de tu canción y de la mía. Tú por un lado y yo por otro. El exilio nos había hecho víctimas.

 

–MUJER: Al marcharse los pájaros primaverales se quedaron los árboles desnudos. Y tu voz me venía de los pozos, a veces de las gotas de lluvia. ¡Ven! –te gritaba- ¡Ven! – En tus ojos había algo que deseaba esperanzada. Quería que me arrastraras de nuevo hasta tus brazos, lo mismo que un cautivo que pide perdón. Cuando tus ojos se fueron, la luna poco a poco se fue llenando de herrumbre.

 

–HOMBRE: Cruzamos el camino, maniatados, igual que prisioneros, sin saber si mi mano o si la tuya el dolor de la otra había robado. Pero, como de costumbre, no surgió en tu pecho ni en el mío el ciprés del recuerdo. Como si atravesáramos las sendas como toda la gente y al mirar no quedara deseo, ni pesar, ni dolor, nos hundimos entre la multitud sin dejar en la noche cenizas que recuerden la brasa, ni nada que gritara por nuestras venas. Yo bebí de tus manos un sorbo de recuerdos.

 

–MUJER: Una noche, sola, miraba las estrellas. Cayó una y caminó por mis dedos sin cansarse. Recordé en tus labios el jugo de las moras, y la estrella vino a beber en ellos. Escribía algo, tal vez un poema para tus ojos, y fue recorriendo el delgado hilo de la tinta hasta engullirse todas las letras; después fue conmigo a tu encuentro, a la almohada, al té. Cuando por los pesares y el dolor llegué a olvidarme de ti por unos instantes, el pequeño astro se posaba en mis manos para decirme: él está vivo, pronto te reunirás con él, no importa dónde ni cómo. La acariciaba, me hacía un guiño y desaparecía.

 

–HOMBRE: Al eco de tu nombre, mi fantasía daba alas a las cadenas y a la cárcel. Te veía correr como una potranca. En mis noches de frío te sentía como un sol calentándome en la sangre. Te recordaba niña. Con los senos erguidos. Te decía primavera y las rosas se alzaban sobre la hierba. Te decía firmamento y se alegraban los truenos y la lluvia.

 

–MUJER: La tarde nos llegó cuando el sol destrenzaba su pelo sobre el mar, y su último beso en mis ojos anclaba. Toma de mí los vientos –te dije- y bésame, aún por última vez en esta vida. Y me llegó la tarde cuando tocaban todas las campanas en el cortejo de la hermosa cautiva. El corazón se me había enfriado como el diamante y parecían mis sueños baúles en el muelle. ¡Toma la primavera! -te dije llorando- y dime adiós.

 

–HOMBRE: Aquí sigo. Aquí seguimos. Esclavos de nuestro amor. Luchando por nuestra tierra que en el horizonte se adivina. Amigos del rocío y la frágil azucena.

 

–MUJER: Aquí sigo. Teniéndote en mi regazo.

 

–MAHMUD: (Desde dentro de la tienda, muy agitado). –Las abejas tienen su casa, se llama panal. Los pájaros tienen la suya, se llama nido. Las arañas también y se llama telaraña. ¿Cuál es la casa de los palestinos?

 

–HOMBRE: El muchacho… ¡otra vez!

 

–MUJER: ¡Pobre! Nuevamente con sus pesadillas…

 

–MAHMUD: Estaban cargados de frutas los árboles. Vinieron los aviones enemigos y bombardearon el campamento y los árboles. Se quemaron las hojas verdes, las rosas, y las manzanas cayeron y la hija de nuestro vecino también.

 

–MUJER: (Sirviendo té del recipiente que está en el fuego) Le voy a dar algo de té.

 

–MAHMUD: La cubría una manta y pensé que dormía. La llamé para que se despertara, pero alguien me dijo que estaba muerta. Levanté la manta y vi que tenía partido el vientre, dejando ver todas las entrañas. La habían abierto de pies a cabeza. Yo corrí, corrí mucho. Dijeron que la había atropellado un tanque. Después llegaron los aviones y los helicópteros con muchos paracaidistas. El cielo y la tierra se oscurecieron por los aviones, los tanques, las bombas y los muertos. Me escondí en una trinchera. Yo pensaba en la muerte, todos pensábamos que íbamos a morir. Me preguntaba: Por qué tenemos que morir si nunca atacamos a nadie, ni siquiera tenemos armas para defendernos. La gente se cargaba la ropa en las espaldas bajo una lluvia de balas.

 

(Antes que MUJER entre a la tienda, sale MAHMUD. Aparenta más edad que la

de antes de dormir. Su actitud es agresiva, pero conserva el candor de un niño.)

 

–MAHMUD: Parto, oh, padre. Voy con mis camaradas a la cita. Acepto el destino, lo llevo como una piedra colgada de mi cuello, Mamá: mira mi punto de partida, todo lo que poseo, todos mis latidos y el amor y la adoración los ofreceré como dote a la tierra.

–HOMBRE: ¡Hijo! Mi entraña…

 

–MAHMUD: La caravana del júbilo no ha llegado aún, pero vendrá trayendo con sus pasos la gloria.

 

–MUJER: (Abrazando a MAHMUD) Hijito… hijito… niño…

 

–MAHMUD: (Apartándola con dulzura) No se atribulen si caigo antes de la hora del regreso. Nuestro camino es largo y doloroso, las alas infernales de la noche se precipitan sobre el horizonte. Nosotros seremos como antorchas de sangre y el gozo se nos acercará, ese júbilo vendrá seguramente a fin de establecer el equilibrio.

 

–HOMBRE: Ve entonces, hijo, ve.

 

–MUJER: Te doy como talismán dos versículos de El Corán. Te bendigo en nombre de Dios. Para este día te traje al mundo. Para este día te amamanté. Para este día te di mi sangre. Todas mis pulsaciones, todo lo que una madre puede dar es esto. Parte, oh retoño generoso, parte. No tenemos otro amor que nuestra tierra. Tú eres nuestra tierra.

 

–MAHMUD: Mil bienvenidas a la muerte; que si la estrella fugaz se incendia y cae entre las colinas, como un relámpago explosivo difundirá su resplandor intenso sobre una tierra que la muerte no vencerá, ¡Sí! Que la muerte no vencerá jamás…

 

(MAHMUD sale decidido).

 

(HOMBRE y MUJER lo ven alejarse con una mezcla de puertas de Palestina)

 

(HOMBRE y MUJER vuelven a sentarse alrededor del fuego. Beben té, se abrazan, se besan)”.