LA CUESTIÓN PALESTINA(TERCERA PARTE)

BREVES HISTORIAS Y ALGO MÁS

LA CUESTIÓN PALESTINA
(TERCERA PARTE)

13 de mayo del 2020, “Año del SARS CoV 2”

J. Enrique Alvarez Alcántara

“Yo, desde hace siglos, / jamás aparté de mi puerta a un visitante. / Cierta mañana abrí los ojos / y vi que me habían robado la cosecha, / que la compañera de mi vida había sido / estrangulada, / y que en la espalda de mi pequeño había una herida. / Reconocí a mis traidores huéspedes, / sembré ante mi puerta minas y puñales, / y juré por las cicatrices que / dejan los cuchillos / que jamás cruzaría ninguno de ellos el umbral de mi / casa /en el siglo veinte. / Yo, desde hace siglos, / sólo era un poeta / en las tertulias de los probos, / pero soy un volcán ardiendo / en el siglo veinte”

Samih Al-Qassim

Edward Said, en Editorial Debate, Madrid, 2013, publicó un libro cuyo título es La Cuestión Palestina; y a pesar de que en el prefacio a la edición del año de 1992 expresa que el texto lo escribió entre los años de 1977-1978, considerando que su análisis abarca desde finales del siglo XIX hasta antes del último cuarto del siglo XX, ahora que escribo esta serie considero muy vigente el análisis y reflexiones.

En este prefacio, Edward Said expresará muy claramente:

“Ningún otro movimiento en la historia ha tenido un adversario tan difícil: un pueblo reconocido como la clásica víctima de la historia. Y ningún otro movimiento de liberación o de independencia en el periodo de la posguerra ha contado con una serie de aliados naturales tan poco fiables y aveces mortíferos, un entorno tan inestable, una superpotencia interlocutora tan reticente (como Estados Unidos), y una superpotencia aliada tan ausente (desde que la Unión Soviética, ya antes de su desaparición, abandonara en la práctica la causa palestina por deferencia a Estados Unidos e Israel). Y todo esto es experimentado por los palestinos sin que haya la menor soberanía territorial en ningún sitio, mientras la dispersión y la desposesión siguen siendo el sino de toda la nación; y mientras sigue siendo objeto de leyes punitivas en Israel y los países árabes, de una legislación discriminatoria, y de unos edictos unilaterales (e inaceptables)  que van desde la deportación hasta las órdenes de disparar en el acto, pasando por el acoso en los aeropuertos y el maltrato verbal en la prensa”.

Hanna Arendt, por su lado, en The Origins of Totalitarianism, Harcourt Brace Jovanovich, Nueva York, 1973, expresará:

“Después de la (Segunda) Guerra (Mundial) resultó que la cuestión judía, que se consideraba la única insoluble, de hecho se resolvió –a saber, mediante un territorio colonizado y luego conquistado—, pero eso no resolvió ni el problema de las minorías ni del apátridas. Antes al contrario, como prácticamente todos los demás acontecimientos de nuestro siglo, la solución de la cuestión judía no ha sido sino producir una nueva categoría de refugiados, los árabes, aumentando así el número de apátridas en otros 700, 000 o 800, 000 personas”.

Pero antes de seguir con esta lógica analítica y expositiva considero necesario mencionar lo que resulta obvio, al decir de Edward Said:

Los palestinos estaban en una tierra y territorio llamado Palestina hasta el año de 1948 en que se declara la fundación del Estado Sionista de Israel. Es decir, sí existían tanto los palestinos como Palestina, pese a que los dirigentes del Estado de Israel lo nieguen.

¿Acaso –se pregunta Edward Said—estuvo justificado que se les desposeyera y borrara del mapa, con casi un millón de palestinos obligados a abandonar Palestina y su sociedad reducida a la inexistencia, por más que fuera para salvar a lo que quedaba de los judíos europeos que habían sobrevivido al nazismo?

¿En virtud de qué pauta moral o política se espera que los palestinos se permitan dejar de lado las reivindicaciones de su existencia nacional, su tierra y sus derechos humanos?

¿En qué mundo se carece de argumentos para responder cuando se le dice a todo un pueblo que se halla jurídicamente ausente, pero al mismo tiempo se lanzan ejércitos contra él, se realizan campañas incluso contra su nombre y se cambia la historia para “demostrar” su inexistencia?

Para dar una idea de la dimensión del problema presentaré algo de numeralia:

Hasta unas pocas semanas antes de la “creación” del Estado de Israel, en la primavera de 1948, “nunca hubo allí otra cosa que no fuera una inmensa mayoría árabe. Así que, por ejemplo, en 1931 la población judía era de 174, 606 habitantes, frente a un total de 1, 033, 314; en 1936, el número de judíos había aumentado a 384, 078, y la población total a 1, 366, 692; en 1946 había 608, 225 judíos en una población total de 1, 912, 112 habitantes” (Edward Said, p. 62).

Todos los nativos u originarios de la región eran hablantes del árabe; el 65% eran agricultores; las principales ciudades palestinas –Nablus, Jerusalén, Nazaret, Acre, Jaffa, Jericó, Ramallah, Hebrón y Haifa—fueron construidas por árabes-palestinos, que siguieron viviendo allí aún después de que las usurpadoras colonias sionistas se ampliaran hasta muy cerca. (Edward Said).

Aún reverberan dentro de mi memoria las palabras que la periodista siria Ikram Antaki (1948-2000) –en una entrevista realizada a Abu Amar (Yasser Arafat), entonces líder máximo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), en el año de 1980, en Managua, Nicaragua, con motivo del 1º Aniversario del triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN)— expresaba poéticamente.

El pequeño libro fue editado en México a través de una edición exigua y, de no ser por el hijo de Ikram, Maruan Soto Antaki, quien en su libro Pensar Medio Oriente, Taurus, México: 2016, incluye la entrevista, muy probablemente permanecería prácticamente desconocida.

Veamos esta identidad, este sueño y esta resistencia contra la invisibilización en las bellas palabras poéticas de la misma Ikram:

“Que caigan encima de mis hombros las cimas del Hermon y del Galileo reunidos si no fuiste la más amada. Te recreé desafiando las mentiras del mundo. Existes porque me hiciste existir. Caminando por el río Jordán, llegando hasta el mar Muerto, supieron los humanos por fin que cada gota de tu agua es sangre nuestra. Por ella quedó como es. Pesa ira y revuelta. Pesa aceite de olivo y vino quebrado. En el mar de tu asesinato no sobreviven los peces ligeros. Por allí cruzamos hacia la otra orilla. Caminé por el desierto de Gaza y probé tu existencia. Nadé de Yafa a Haifa contra las malas mareas y probé tu existencia. Palestina hasta las raíces del tomillo, hasta el fondo de mi conciencia. Filastín porque no ignoro ningún grano de tu tierra. Sé nombrar los pájaros. Y las plantas. Sé cómo salvaguardar la memoria y cómo crear la historia de tus días siguientes”.

La resistencia ha sido la única herramienta que impidió la inexistencia histórica de Palestina y los palestinos. Ese era y es el sueño acariciado del Sionismo y el Imperialismo Estadounidense.

Mahmud Darwish lo expresa así: “Hemos triunfado sobre el plan de expulsarnos de la historia”, certeza presentada como epígrafe en el libro de Maruan Soto Antaki.

Algunas de las interrogantes y las respuestas a las mismas, durante el encuentro son iluminadoras:

“—Abu Ammar, dicen que sueñas mucho…

–¿Hay algún revolucionario en el mundo que no sueña, Ikram?

–Los hay seguramente. Ni muy revolucionarios serán. Ni muy enamorados. Tú estás hecho de otra tela. El sueño empezó hace exactamente treinta y dos años. El día de la pesadilla. Cuando Palestina fue decretada inexistente. Cuando dejó de pertenecer a la realidad de los mapas y de los reconocimientos internacionales. Cuando sobre los caminos empezó la marcha de todo un pueblo que no tenía ya un solo pedazo de tierra dónde parir a sus hijos y enterrar a sus muertos… No se trataba de hablar de los individuos. Ni de los muertos, ni de los vivos. Se trataba de seguir el camino hacia la conciencia. ¿Qué pasó en 1948? ¿Quiénes éramos entonces? Tú tenías la edad de la conciencia, háblame de nuestra historia. Yo tengo la edad de la derrota. Abrí los ojos sobre Palestina expoliada. Ningún mapa, ninguna geografía hablaba más de Palestina. Dejó de existir oficialmente. Y siguió existiendo por la fuerza de nuestra vida y nuestra muerte. Por los recuerdos. Por las noches que dieron nuestros hijos nuevos. Por el coraje. Y Palestina no era solamente un dibujo en el mapa al este del Mediterráneo. Nosotros somos Palestina. Cuatro millones de voluntades, de carne y hueso, de ira y realidad, somos Palestina. Cuatro millones haciendo de nuevo la historia y la geografía. El dolor nos obligó a hacernos más inteligentes de lo que hubiéramos sido normalmente. Nos hicimos agudos, cortantes, rápidos, sensibles, duros y tiernos a la vez. Enamorados de la vida hasta morirse por ella. Yo soy de la generación de la derrota. Conocí la desesperanza y conocí el despertar. Mi hijo pertenece a la generación de la esperanza. Háblame de nuestra historia, Abu Ammar. Y de los caminos de la conciencia.

–En 1948 vi las primeras señales de la enorme conspiración que nos transformó en sus víctimas. Me encontraba en el ejército palestino que dirigía nuestro mártir Abdel Kader Huseyni. Mi tarea era recoger las armas que habían dejado los aliados y el eje durante la guerra, en el Sahara occidental y otras zonas de batalla, para mandarlas hacia Palestina. Me opuse a la entrada de los ejércitos árabes a Palestina. Muchos nos opusimos. Pero nuestra opinión no tenía peso. Mira, nosotros éramos el ejército palestino. Los ejércitos árabes regulares que entraron eran… cómo te diré… sentíamos que algo pasaba, se tramaba… una conspiración mayor. Era nuestra experiencia diaria. Comprábamos armas, viejos tanques de chatarra, pasábamos meses a las puertas de la Liga Árabe tratando de mandarlos a Palestina. No se podía. Eran dificultades innumerables, de todas partes. No nos dejaban. Al mismo tiempo, las Radios Árabes decían otra cosa. ¿Cómo iban a hacer la guerra de nuestro lado los países que nos impedían juntar las armas y mandarlas? Había también órdenes de entregar las armas. No era entonces el puro sentir, sino la vista clara: ahí estaba la conspiración. Había ya órdenes para entregar las armas que comprábamos con las joyas de nuestras mujeres. Pensábamos que estos ejércitos entrarían por orden venida de arriba y saldrían por otra orden venida de arriba…

–Las órdenes venían de Inglaterra. Ningún país árabe era entonces realmente independiente. Los siete ejércitos árabes estaban dirigidos por un oficial inglés: el general Glub. E Inglaterra estaba también del otro lado: entregando las tierras palestinas que estaban bajo su poder mandatario a los nuevos colonos judíos venidos de Europa, protegiendo los grupos terroristas sionistas, castrando los brotes de liberación nacional palestina. El pueblo palestino no tenía voz. Durante los diecisiete años siguientes también hablarán por él, en nombre de él, hasta 1965, cuando empezó a hablar por sí mismo, cuando nació la revolución.

Mira, Abu Ammar, esto que tú dices, de los países árabes en 1948… Ya sé. Me lo contaron mis padres. Junto a nuestra casa, en Damasco, vivía aquel Mardam Bey, jefe del Estado Mayor entonces. Entonces también hizo su fortuna. A costa nuestra. Los soldados sirios estaban al sur, sin armas, esperando las armas. Esperaron indefinidamente. El gobierno había mandado comprar armas, pero los barcos nunca llegaron a puerto. El jefe del Estado Mayor vendió en el mar los barcos de armamento destinado al ejército en guerra. En la ribera occidental, el rey Abdallah se entrevistaba de noche con Golda Meir. Y decidían la partición de Palestina. En el frente sur, del lado de Egipto, los soldados egipcios veían explotar entre sus manos las armas defectuosas que les había entregado el rey Faruk. Uno de estos jóvenes se llamaba Nasser, Gamal Abdel Nasser. De aquella traición aprendió el sentido de la dignidad. Ocho años más tarde, levantó esa dignidad dentro de la memoria nuestra y la historia de los demás… cuando declaró la nacionalización del Canal de Suez. ¿Luego qué pasó, Abu Ammar? ¿Cómo fue el paso de la desesperación a la lucha? ¿El paso de 1948 a la creación de Fatah?

–No se creó Fatah en ninguna teoría. No fue la cristalización de un sueño lejano. Aquí no hubo profetas ni hombres superiores. Fatah es el resultado de los dolores de un pueblo, como el parir, naturalmente, la continuación lógica de la revuelta de Gaza, que siguió siendo el único lugar llevando el nombre de Palestina después de 1948. De los movimientos estudiantiles, de la guerra de Suez en 1956… De todo esto nació Fatah. En 1956, el levantamiento y el desarrollo del sentimiento nacional, nos dimos cuenta de que no existía en el plan árabe un trabajo consecuente para recobrar Palestina. Nasser mismo nos los dijo: ‘El que pretende tener un plan para
liberar Palestina se ríe de ustedes’. Y salió el nombre de la organización de las siglas mismas del Movimiento de Liberación Nacional Palestino: Fatah. Fatah significa abrir la tierra, abrirla. Nuestra revolución es del ciclo del año de los campesinos, del ciclo de la vida, no de la muerte. Y de la tierra sabemos mucho. De cómo roturarla también”.

Hasta aquí dejamos la exposición para seguir en nuestra próxima colaboración.