POESÍA TRUNCA DE AMÉRICA LATINA(PRIMERA PARTE)

HISTORIAS BREVES Y ALGO MÁS

POESÍA TRUNCA DE AMÉRICA LATINA
(PRIMERA PARTE)

J. Enrique Alvarez Alcántara

A: Pedro Antonio Márquez Aguilar
A: Los caídos en esta era del COVID-19
A: La memoria de Jesús Coria Juárez
La lira
“¿Quién ha visto una lira? / La lira es una palabra. / Era instrumento, pero ahora / es más: es un vocablo. / Las cosas que se vuelven palabras / se magnifican o rebajan. / El lenguaje tiene la virtud del amor: / exalta o mengua. / Por eso la lira me inquieta. / La lira es cosa muy barata. / ¡Quien no tiene lira! / Yo quiero algo diferente. / Algo hecho de este alambre de púas; / algo que no pueda tocar un cualquiera, / que haga sangrar los dedos, / que dé un son como el son que hacen las balas / cuando inspirado el enemigo / quiere romper nuestro alambrado / a fuerza de tiros. / Aunque la gente diga que no es música, / las estrellas en sus danzas acatarán el nuevo ritmo”.
Salomón de la Selva
Tratar de escribir sobre la poesía y su lugar en la historia –en esta hora, día y lugar—, después de ver cómo la tragedia ronda nuestras vidas y sin sigilo alguno lleva consigo, a su última morada, a personas que hemos conocido y estimado, pareciera una estupidez cargada de insensibilidad o carente de empatía.

Pudieran llegar a pensar algunas personas que leen esta columna: “es esta la hora precisa para proferir a los cuatro vientos herejías y maldiciones contra todos los dioses o demonios que –cual Jinetes del Apocalipsis, Calamidades en fuga de la Caja de Pandora, mensajes esparcidos por los ‘Heraldos Negros’, o profecías de Augures y lectores del Oráculo de Delfos—, presagian ‘una dulce certidumbre de lo peor’; es este el momento preciso, se dirán muy profundamente convencidos, que nos convoca a injuriar, blasfemar e insultar; no es la hora de la poesía. ¡No!”

Sin embargo, en un excelente poema hecho canción, decía sabiamente el viejo Atahualpa; sí, el ‘Payador Perseguido’: “Le tengo rabia al silencio, por lo mucho que perdí. Que no se quede callado, quien quiera vivir feliz”.
Tal vez por ello, en vez de gritar e imprecar, o guardar ese silencio bastante parecido a la estupidez, en esta hora precisa, recordar quiero a ustedes que la muerte ha llevado consigo, desde tiempo ha, a seres que aún permanecen con nosotros, grabados en nuestra memoria, y que su vida de Poetas –así, con mayúscula—y revolucionarios, jóvenes siempre sin importar su edad, dejó a través de su palabra, y sus acciones, como huella inmortal de su presencia siempre imborrable, a pesar de que supieran que la muerte les rondaba inmisericorde.

Hace ya varios años de ello, el Poeta uruguayo Mario Benedetti, y el hermano país de Cuba, a través de Casa de las Américas y Roberto Fernández Retamar (su director en ese entonces), en el año de 1977, editaron una Antología Poética titulada “Poesía trunca”; en ésta se agrupaba a un conjunto de poetas latinoamericanos, cuya circunstancia principal era la trágica coincidencia de su muerte prematura. Asimismo, se trataba de expresar la pena o pesar que generaba saber la pérdida de estos poetas, para América Latina y el mundo y, sin embargo, también se consideraba necesario rescatarlos de la muerte y el olvido.

Según escribe Miguel Ayerdis, de CLACSO, en un resumen de ponencia, Discurso poético, praxis y representación antimperialista en Centroamérica: glosas para el estudio del sujeto intelectual guerrillero (Otto René Castillo, Leonel Rugama y Roque Dalton), presentada durante la 8ª Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales y el 1º Foro Mundial de Pensamiento Crítico, realizados en Buenos Aires, Argentina, en el año 2018: “El esfuerzo editorial de la Antología ‘Poesía trunca’ tenía, entre otras intenciones, el rescate de la producción literaria de estos jóvenes intelectuales, al mismo tiempo que la difusión de la gesta heroica de sus acciones políticas, interrumpida de manera abrupta y brutal por los regímenes opresores que gobernaban la mayor parte de los países de nuestra región, en contubernio con las oligarquías locales, apoyadas por el imperialismo norteamericano (… o, agrego yo, por la barbarie de algunos que se decían verdaderos revolucionarios…). Fue concebido como un libro inscrito dentro de las estrategias de ¨propaganda” (divulgación) de la lucha armada, como mecanismo para la toma del poder político en América Latina”.

Al revisar el índice de dicha Antología puede constatarse que el trabajo de selección, de los homenajeados, fue muy riguroso, siendo todos ellos poetas nacidos en el siglo XX, principalmente entre las décadas de 1920 y 1940.

Entre los poetas seleccionados encontramos a personajes tales como Ernesto Ché Guevara, Frank País, Otto René Castillo, Edwin Castro, Roque Dalton, Raúl Gómez García, Iberto Gutiérrez, Javier Heraud, Rony Lascouflair, Rigoberto López Pérez, Carlos Marighella, Ricardo Morales Avilés, Roberto Obregón, Leonel Rugama, Francisco Urondo, Jaques Viau y Edgardo Tello.

Durante la realización del XI Festival de la Juventud y los Estudiantes, realizado en La Habana, Cuba, ese mismo año, como complemento de la Antología referida, se editó una selección de poemas pertenecientes a 16 de tales poetas, grabada en acetato, con las voces de personajes tales como Nicolás Guillén, Roberto Fernández Retamar, Mario Benedetti, Julio Cortázar, Ernesto Cardenal, Thiago de Mello, Gabriel García Márquez y Juan Gelman, entre otros.

En este breve texto intentaré, al menos ello, presentar un muy conciso esbozo biográfico de cada Poeta e incluiré algunos de sus poemas para que no olvidemos y tengamos siempre presente que la muerte puede arrancar la presencia física de nuestros camaradas, pero nunca su presencia histórica y afectiva.

Demos comienzo a esta breve Antología

Ernesto Che Guevara (1928-1967)

¿Quién no ha oído su nombre o visto su retrato? ¿Quién no ha visto películas o documentales en su memoria? ¿Quién no ha escuchado canciones a él dedicadas, como la Zamba al Che? ¿Quién no sabe que además de Guerrillero era jugador de ajedrez? ¿Quién no sabe que fue uno de los artífices de la Revolución Cubana? ¿Quién no sabe que murió en Bolivia un día ocho de octubre de 1967? ¿Quién no sabe que nació en Argentina? Y ¿Quién llegó a suponer que además escribiera poesía?  ¿Quién, pregunto?

No puedo, a pesar de todo ello, expresar una consideración; la única presentación que puedo hacer de él, de manera poética, se halla en las letras que su propia pluma dejo en un poema.

Autorretrato oscuro

De una joven nación de raíces de hierba(raíces que niegan la rabia de América)vengo a ustedes, hermanos norteños.
Cargado de gritos de desaliento y de fe,vengo a ustedes, hermanos norteños,vengo de donde venimos los “homo sapiens”,devoré kilómetros en ritos trashumantes;con mi materia asmática que cargo como una cruzy en la entraña extraña de metáfora inconexa.
La ruta fue larga y muy grande la carga,persiste en mí el aroma de los pasos vagabundosy aún en el naufragio de mi ser subterráneo,—a pesar que se anuncian orillas salvadoras—nado displicente contra la resacaconservando intacta la condición de náufrago.
Estoy solo frente a la noche inexorabley a cierto dejo dulzón de los billetes.Europa me llama con voz de vino añejo,aliento de carne rubia, objetos de museo.
Y en la clarinada alegre de países nuevosyo recibo de frente el impacto difusode la canción, de Marx y Engels,que Lenin ejecuta y entonan los pueblos.

José Leonel Rugama Rugama (1949-1970)

Fue un poeta nicaragüense, luchador por la libertad de su país de la dictadura somocista, seminarista, reconocido por su aporte a la literatura tanto nicaragüense como latinoamericana. Entre sus poemas más conocidos y difundidos se encuentra “La Tierra es un satélite de la Luna”.

En el año de 1967 establece contacto con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y se dirige a la montaña como combatiente guerrillero. Allí comienza a escribir poesía.

Leonel Rugama murió en Managua el día 15 de enero de 1970 combatiendo contra un batallón de la Guardia Nacional de Somoza, en un desigual enfrentamiento. Rugama estaba resistiendo en compañía única de los combatientes Róger Núñez Dávila y Mauricio Hernández Baldizón, que también fueron abatidos en el lugar. Según se cuenta, durante el combate el General Samuel Genie Lacayo les pidió que se rindan a lo que Leonel respondió: “¡Que se rinda tu madre!”.

BiografíaNunca apareció su nombreen las tablas viejas del excusado escolar.Al abandonar definitivamente el aulanadie percibió su ausencia.Las sirenas del mundo guardaron silencio,jamás detectaron el incendio de su sangre.El grado de sus llamasse hacía cada vez más insoportable.Hasta que abrazó con el ruido de sus pasosla sombra de la montaña.Aquella tierra virgen le amamantó con su misterio,cada brisa lavada su idealy lo dejaba como niña blanca desnuda,temblorosa, recién bañada.Todo mundo careció de oídos y el combatedonde empezó a nacerno se logró escuchar.

Ricardo Morales Avilés (1939-1973)

Nació en Nicaragua, en Diriamba, y es la figura del poeta, artista e intelectual y maestro comprometido con la lucha de su pueblo; considerado un hombre íntegro que asume su papel de intelectual y de artista en el proceso de lucha por la liberación de Nicaragua. Junto a Oscar Turcios, también dirigente del Frente Sandinista de Liberación Nacional, es capturado y asesinado el 17 de septiembre de 1973 por la Guardia Nacional Somocista.

Doris María, Camarada

Vengo hasta ti con el alma sudando todo el odio porque alguien inventó la esclavitud, cogió su arma y alguien más tuvo hambre y frío y empezaron a morir nuestros hermanos, nuestros padres y nuestros hijos.  Vengo cantando y hay dolores trenzados con la piel de mi cuerpo. Tú me comprendes, camarada, porque también te pesan estos crepúsculos que nos han echado encima.  Vengo jubiloso para juntar a tu cruzada la audacia de mi brazo fuerte. La lucha está difícil. Y hay que seguir adelante y cuesta. Cuesta arriba. Todo el que anda derecho tiene en su haber una sonrisa y una onza de plomo. No hay otra manera de contar la historia.  El fusil para todos, lágrimas, flores y recuerdos para todos. Hay que seguir entonces, la historia tiene un solo sentido. Y hay siempre y cada vez nuevas espadas y una vieja manera de levantar la frente.  Hay que cambiar tantas cosas, camarada. Primero el poder, la propiedad, nosotros, y después… aire fresco y maíz para todos, aire y flores para todos, ternura para calentar los pies desnudos, una canción, una camisa, luz para el camino, manos para la producción y el amor, campanas, palabras para la sonrisa de los niños. Hay que cambiar tantas cosas. Por esto he venido. A pedirte que nos eches una mano. Tanto como de ti se acumula en nuestro esfuerzo. Pero esto he venido. A seguir el trazo de tus pies de tierra nueva, a iluminarme con el ardor de la invención de tu palabra.

Edwin Castro Rodríguez (1930-1960)

Poeta y revolucionario nicaragüense, quien con una edad de 24 años, en el año de 1954, cuando Anastasio Somoza García (I) decide reelegirse en la Presidencia de la República, junto a otros patriotas nicaragüenses coinciden en que había que acabar con el tirano. El 21 de septiembre de 1956 (cuando Edwin tenía 26 años), Rigoberto López Pérez ajusticia a Anastasio Somoza García. El comando que organiza la acción contaba con un pequeño grupo de apoyo. Rigoberto López Pérez, en su heroico empeño, fue acompañado por Edwin Castro Rodríguez, Cornelio Silva y Ausberto Narváez. El resultado de la operación, por sus consecuencias, se conoce como “El principio del fin de la dictadura somocista”.

Rigoberto López Pérez entró a la fiesta y esperó la hora acordada para realizar su misión. Pero el tirano estaba cansado, y, entre las diez y las once de la noche, anunció que se retiraría antes de lo previsto, acabando así con cualquier posibilidad de llevar a cabo la acción tal como estaba planificada, ello obligó a Rigoberto a tomar una decisión heroica, con plena consciencia de que aquello significaba que no tendría apoyo de retaguardia y tampoco habría posibilidad de una retirada. Y esa noche acabó con el tirano, pero él fue acribillado a balazos por los guardias que custodiaban a Somoza.

El ajusticiamiento de Somoza García desató una cruenta represión y muchos fueron encarcelados y horriblemente torturados. Entre los capturados estaban Edwin Castro Rodríguez, Ausberto Narváez y Cornelio Silva. Fueron sometidos a salvajes tormentos, realizados incluso por el propio Anastasio Somoza Debayle. Los mantuvieron en prisión casi cuatro años y finalmente los acribillaron a balazos en el año 1960. El régimen informó que fueron muertos cuando trataban de escapar de prisión, en lo que se conoce popularmente como Ley Fuga.

El propio Edwin Castro expresó a su esposa en una carta: “No pienses que el temor a ser asesinados ha sido la causa de nuestros proyectos, de los míos, nacidos de una larga y fría meditación. No, Anita, desde el momento en el cual acepté en El Salvador hacerme cargo de la coordinación y dirección del movimiento, sabía que mi vida no valía un cinco, después que he estado a las puertas de la muerte y que hoy cuelga la espada de la muerte sobre mi cabeza, sé que aún vale menos”.

Y en dos poemas expresó su sentir y su esperanza.

Canto Vertical:

Joven, desde mi juventud te escribo mi canto vertical
Compañero que olvidando mi nombre
has negado al hermano
Abre tu voz para gritar al mundo el nombre de la Patria
Proclama en las esquinas la palabra
que ha de lavar la sangre
en los cuerpos de tus muertos
Junta las manos no implorando
con los puños cerrados
para quebrar vitrinas
y romper las amarras de la idea
Si me has negado a mí,
no niegues más el nombre de la Patria
Escucha compañero
mi canto vertical
que escribo para ti desde la cárcel.

Mañana, Hijo Mío, Todo Será Distinto

Mañana, hijo mío, todo será distinto
Se marchará la angustia por la puerta del fondo
que han de cerrar, por siempre, las manos de hombres nuevos.
Reirá el campesino sobre la tierra suya, (pequeña, pero suya),
Florecida en los besos de su trabajo alegre.
No serán prostitutas las hijas del obrero,
ni las del campesino
pan y vestido habrá de su trabajo honrado
¡se acabarán las lágrimas del hogar proletario!
tú reirás contento, con la risa que lleven
las vías asfaltadas, las aguas de los ríos,
los caminos rurales…
Mañana, hijo mío, todo será distinto:
sin látigos, ni cárcel, ni bala de fusil que repriman la idea.
Caminarás por las calles de todas las ciudades,
en tus manos, las manos de tus hijos,
como yo no lo puedo hacer contigo.
No encerrará la cárcel tus años juveniles
como encierra los míos:
ni morirás en el exilio, temblorosos los ojos,
anhelando el paisaje de la patria,
como murió mi padre.
¡Mañana, hijo mío, todo será distinto!

Rigoberto López Pérez (1929-1956)

Nicaragüense también, Poeta también; según expresa el Comandante Tomás Borge: “¿Quién es Rigoberto López Pérez? Es un nicaragüense. ¿Quién es el nicaragüense Rigoberto López Pérez? Es el héroe y poeta de 26 años que dio su vida para ajusticiar en 1956, al sicario a sueldo de la embajada norteamericana, que crucificó a Augusto César Sandino. Puede considerarse a Rigoberto López Pérez como un desconocido. Sin embargo, existen opiniones acerca de él, de insignes personalidades políticas; por ejemplo, el señor presidente Dwight Eisenhower, lo llamó ‘asesino’ de un ‘amigo’ de los Estados Unidos.”

Confesión de un soldado

Una bala me ha alcanzado
he caído al suelo con una oración,
estoy solo y abandonado
en el suelo hago esta confesión.
 
Es Nicaragua mi patria querida
es Nicaragua mi gran nación
es por ella que sangra mi herida,
que sangra la herida de mi corazón.
 
Por ti seguiría peleando
defendiéndola de ciudad en ciudad
hasta ver en tu cielo brillando,
brillando el sol de la libertad.
 
Las fuerzas me fallan, me siento a morir.
 
Adiós oh patria mía,
bajo tu seno yo quiero sentir
que tu sol calienta mi tumba fría.
 
Ya que Dios ha dispuesto,
que hasta aquí te haya servido,
otro hombre ocupará mi puesto
hasta dejar al enemigo vencido.