POESÍA TRUNCA DE AMÉRICA LATINA (SEGUNDA PARTE)

HISTORIAS BREVES Y ALGO MÁS

 

POESÍA TRUNCA DE AMÉRICA LATINA

(SEGUNDA PARTE)

 

  1. Enrique Alvarez Alcántara

 

En la primera parte de esta serie dedicada a la Poesía y los Poetas (ambos con “P” mayúscula) que la crearon y que, sin duda alguna, fueron Poetas y Revolucionarios que, además de ser demiurgos y usuarios de la Poiesis (al decir de Platón en su Diálogo, El Banquete, es “La causa que torna cualquier cosa que consideremos de no ser a ser”) para construir esta Poesía, ofrendaron su vida para crear o producir (otra vez, el significado de Poiesis) una nueva patria para todos.

 

Ya se dijo que todos ellos, jóvenes latinoamericanos, pertenecen a la generación nacida entre las décadas de 1920 y 1940 y murieron, mejor dicho, fueron asesinados siendo aún jóvenes, o por las dictaduras que apoyadas por los Estados Unidos reprimieron salvajemente los diversos movimientos sociales de liberación o, por pseudorevolucionarios que se erigieron en jueces y ejecutores de tales crímenes.

 

El conjunto de Poetas y Revolucionarios que presentamos en la colaboración precedente fueron, con la excepción de Ernesto Che Guevara, nicaragüenses, como lo fueron Rubén Darío y Ernesto Cardenal o Gioconda Belli.

 

Toca ahora, en esta segunda parte, presentar a otros Poetas y algunas de sus obras, pertenecientes a otras naciones y otros movimientos.

 

Entremos pues en materia.

 

Otto René Castillo (1936-1967).

 

En el año de 1954, cuando apenas había cumplido 18 años, se perpetró un Golpe de Estado contra el gobierno democráticamente electo de Jacobo Árbenz, en Guatemala, dirigido por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de los Estados Unidos, y dirigido por el Coronel Carlos Castillo Armas.

 

Por esa razón salió exiliado hacia la República de El Salvador. Regresó a Guatemala hacia el año de 1958 y estudió Derecho en la Universidad de San Carlos. Un año después, en 1959, nuevamente partió a la entonces República Democrática Alemana (RDA), donde obtuvo una beca para estudiar letras, carrera que abandonó para integrarse a un grupo de cineastas que filmaban los levantamientos populares de la época.

 

Regresa nuevamente a Guatemala en 1964. En 1965 es capturado y exiliado, pero las organizaciones revolucionarias guatemaltecas –(pues él era militante del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), una de las organizaciones que posteriormente conformaron la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG)—, lo nombraron representante de Guatemala ante el Comité Organizador del Festival Mundial de la Juventud en Argelia.

 

Una vez más retornó a Guatemala en 1964, pero nuevamente fue detenido y exiliado en 1965.

 

En 1966 regresó clandestinamente a Guatemala para incorporarse las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) –otra de las organizaciones integrantes de la URNG—, donde es nombrado responsable de Propaganda del Regional Oriental y responsable de Educación del Frente Edgar Ibarra.

 

Tras un combate con el ejército fue herido y capturado por fuerzas gubernamentales en la Sierra de las Minas, en Zacapa, junto con Nora Paiz Cárcamo; ambos fueron conducido a la base militar de Zacapa y torturados brutalmente por un capitán del ejército y fueron quemados vivos el 17 de marzo de 1967; de aquel combate solo sobrevivió el Pablo Monsanto.

 

Su Poema más conocido es:

Vámonos Patria a Caminar

1.- Nuestra voz.
2.- Vámonos patria a caminar

3.- Distante de tu rostro.

1.- Nuestra voz.

Para que los pasos no me lloren,
para que las palabras no me sangren:
canto.
Para tu rostro fronterizo del alma
que me ha nacido entre las manos:
canto.
Para decir que me has crecido clara
en los huesos más amargos de la voz:
canto.
Para que nadie diga: ¡tierra mía!,
con toda la decisión de la nostalgia:
canto.
Por lo que no debe morir, tu pueblo:
canto.
Me lanzo a caminar sobre mi voz para decirte:
tú, interrogación de frutas y mariposas silvestres,
no perderás el paso en los andamios de mi grito,

porque hay un maya alfarero en tu corazón,
que bajo el mar, adentro de la estrella,
humeando en las raíces, palpitando mundo,
enreda tu nombre en mis palabras.
Canto tu nombre, alegre como un violín de surcos,

porque viene al encuentro de mi dolor humano.
Me busca del abrazo del mar hasta el abrazo del viento

para ordenarme que no tolere el crepúsculo en mi boca.

Me acompaña emocionado el sacrificio de ser hombre,

para que nunca baje al lugar donde nació la traición

del vil que ató tu corazón a la tiniebla, ¡negándote!

2.- Vámonos patria a caminar, yo te acompaño.

Yo bajaré los abismos que me digas.
Yo beberé́ tus cálices amargos.
Yo me quedaré ciego para que tengas ojos.
Yo me quedaré sin voz para que tú cantes.
Yo he de morir para que tú no mueras,
para que emerja tu rostro flameando al horizonte

de cada flor que nazca de mis huesos.

Tiene que ser así́, indiscutiblemente.

Ya me cansé de llevar tus lágrimas conmigo.
Ahora quiero caminar contigo, relampagueante.

Acompañarte en tu jornada, porque soy un hombre

del pueblo, nacido en octubre para la faz del mundo.

Ay, patria,
a los coroneles que orinan tus muros
tenemos que arrancarlos de raíces,
colgarlos de un árbol de rocío agudo,
violento de cóleras de pueblo.
Por ello pido que caminemos juntos. Siempre
con los campesinos agrarios
y los obreros sindicales,
con el que tenga un corazón para quererte.

Vámonos patria a caminar, yo te acompaño.

3.- Distante de tu rostro.

Pequeña patria mía, dulce tormenta,
un litoral de amor eleva mis pupilas
y la garganta se me llena de silvestre alegría
cuando digo patria, obrero, golondrina.
Es que tengo mil años de amanecer agonizando
y acostarme cadáver sobre tu nombre inmenso,

flotante sobre todos los alientos libertarios,

Guatemala, diciendo patria mía, pequeña campesina.

Ay, Guatemala,
cuando digo tu nombre retorno a la vida.

Me levanto del llanto a buscar tu sonrisa.

Subo las letras del alfabeto hasta la A

que desemboca al viento llena de alegría
y vuelvo a contemplarte como eres,
una raíz creciendo hacia la luz humana
con toda la presión del pueblo en las espaldas.

¡Desgraciados los traidores, madre patria, desgraciados.

Ellos conocerán la muerte de la muerte hasta la muerte!

¿Por qué́ nacieron hijos tan viles de madre cariñosa?

Así́ es la vida de los pueblos, amarga y dulce,
pero su lucha lo resuelve todo humanamente.
Por ello patria, van a nacerte madrugadas,
cuando el hombre revise luminosamente su pasado.

Por ello patria,
cuando digo tu nombre se rebela mi grito
y el viento se escapa de ser viento.
Los ríos se salen de su curso meditando
y vienen en manifestación para abrazarte.
Los mares conjugan en sus olas y horizontes
tu nombre herido de palabras azules, limpio,

para lavarte hasta el grito acantilado del pueblo,

donde nadan los peces con aletas de auroras.

La lucha del hombre te redime en la vida.

Patria, pequeña, hombre y tierra y libertad
cargando la esperanza por los caminos del alba.

Eres la antigua madre del dolor y el sufrimiento.
La que marcha con un niño de maíz entre los brazos.

La que inventa huracanes de amor y cerezales
y se da redonda sobre la faz del mundo
para que todos amen un poco de su nombre:
un pedazo brutal de sus montañas
o la heroica mano de sus hijos guerrilleros.

Pequeña patria, dulce tormenta mía,
canto ubicado en mi garganta
desde los siglos del maíz rebelde:
tengo mil años de llevar tu nombre
como un pequeño corazón futuro
cuyas alas comienzan a abrirse a la mañana.

Roque Dalton García (1935-1975)

Salvadoreño y, al igual que Otto René Castillo y otros muchos revolucionarios latinoamericanos, estudió Derecho tanto en la Universidad de Chile como en la Universidad del Salvador, pese a que no recibió título alguno. Marxista en su ideología se integró al Partido Comunista de El Salvador (PCS) y Fundó el Círculo Literario Universitario en la Universidad de El Salvador, junto con el poeta guatemalteco Otto René Castillo.

 

En el año de 1957 viajó a la ex Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), suceso que marcó su ideología y militancia políticas, aún más, y su adhesión a la poesía le permitió conocer a poetas como Juan Gelman y Miguel Ángel Asturias. En ese mismo viaje conoció al futuro fundador del FSLN, Carlos Fonseca Amador.

 

Dada su actividad política en El Salvador, en el año 1961, fue expulsado de El Salvador, exiliándose primero en México, luego en Checoslovaquia y finalmente en Cuba, donde terminó de forjarse como escritor, involucrándose en la vida cultural de este país y recibiendo instrucción militar.

 

Nuevamente regresa a El Salvador en 1964, y de nuevo fue detenido y sometido a interrogatorio por un agente estadounidense de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). En 1969, regresó a Cuba y ganó el Premio de Poesía Casa de las Américas con su libro Taberna y otros lugares.

 

Una vez que partió de Cuba a El Salvador, Roque Dalton decidió integrarse en la lucha armada, por lo que se integra al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), en 1973. En dicha organización, fue protagonista de una seria polémica interna con el Dirección Política del mismo, por tal razón Roque Dalton terminó calificado como «revisionista» y la dirección del ERP decidió su ejecución.

 

Puede sostenerse que: “La de Dalton no fue una muerte cualquiera. No fue una más de la colección en la escalada de violencia política que por esos años sacudía a El Salvador. La muerte de Dalton fue un ‘punto de quiebre’ de las divisiones dentro del mismo movimiento guerrillero”.

 

Vayan aquí algunos poemas de su creación para mostrar su valía.

Como la siempreviva

 

Mi poesía
es como la siempreviva
paga su precio
a la existencia
en término de asperidad.

Entre las piedras y el fuego,
frente a la tempestad
o en medio de la sequía,
por sobre las banderas
del odio necesario
y el hermosísimo empuje
de la cólera,
la flor de mi poesía busca siempre
el aire,
el humus,
la savia,
el sol,
de la ternura.

Canto a nuestra posición

(A: Otto René Castillo)

Nos preguntan los poetas de aterradores bigotes,

los académicos polvorientos, afines de las arañas,

los nuevos escritores asalariados,

que suspiran porque la metafísica de los caracoles

les cubra la impudicia:

¿Qué hacéis vosotros de nuestra poesía azucarada y virgen?

¿Qué, del suspiro atroz y los cisnes purísimos?

¿Qué, de la rosa solitaria, del abstracto viento?

¿En qué grupo os clasificaremos?

¿En qué lugar os encasillaremos?

Y no decimos nada.

Y no decimos nada.

Y no decimos nada.

Porque aunque no digamos nada,

los poetas de hoy estamos en un lugar exacto:

estamos

en el lugar en que se nos obliga

a establecer el grito.

(Ah, cómo me dan risa los antiguos poetas

empecinados en vendarse los ojos

y en embadurnar de pétalos y de pajarillos famélicos

la giba del dolor anonadante

que se encarama sólida

encima del hombro positivo universal

desde el primer amanecer y el primer viento,

y que se olvidaron del hombre).

Estamos

en el lugar exacto que la noche precisa

para ascender al alba.

(Muchos poetas inclinaron sus insomnios antiguos

sobre la fácil almohada azul de la tristeza.

Construyeron ciudades y astros y universos

sobre la anatomía mediocre

de un nido de muñecas cristalinas

y exiliaron la voz elemental

hasta planos altísimos, desnudos

de la raíz vital y la esperanza.

Pero se olvidaron del hombre).

Estamos

en el lugar donde se gesta definitivamente

la alegría total que se atará a la tierra.

(Ay, poetas,

¿Cómo pudisteis cantar infamemente

a las abstractas rosas y a la luna bruñida

cuando se caminaba paralelamente al litoral del hambre

y se sentía el alma sepultada

bajo un volcán de látigos y cárceles,

de patrones borrachos y gangrenas

y oscuros desperdicios de vida sin estrellas?

Gritasteis alegría

sobre un hacinamiento de cadáveres,

cantasteis al plumaje regalón

y las ciudades ciegas,

a toda suerte de tísicas amantes;

pero os olvidasteis del hombre)

Estamos

en el lugar donde comienza el astillero

que va a inundar los mares con sonrisas lanzadas.

(Ay, poetas que os olvidasteis del hombre,

que os olvidasteis

de lo que duelen los calcetines rotos,

que os olvidasteis

del final de los meses de los inquilinos,

que os olvidasteis

del proletario que se quedó en una esquina

con un bostezo eterno inacabado,

lleno de balas y sin sangre,

lleno de hormigas y definitivamente sin pan,

que os olvidasteis

de los niños enfermos sin juguetes,

que os olvidasteis

del modo de tragar de las más negras minas,

que os olvidasteis

de la noche de estreno de las prostitutas,

que os olvidasteis de los choferes de taxi vertiginosos,

de los ferrocarrileros

de los obreros de los andamios,

de las represiones asesinantes

contra el que pide pan

para que no se le mueran de tedio

los dientes en la boca,

que os olvidasteis

de todos los esclavos del mundo,

ay, poetas,

¡cómo me duelen

vuestras estaturas inútiles!).

Estamos en el lugar en que se encuentra el hombre.

Estamos en el lugar en que se asesina al hombre,

en el lugar

en que los pozos más negros se sumergen en el hombre.

Estamos con el hombre

porque antes muchísimo antes que poetas

somos hombres.

Estamos con el pueblo,

porque antes, muchísimo antes que cotorros alimentados

somos pueblo.

¡Estamos con una rosa roja entre las manos

arrancada del pecho para ofrecerla al hombre!

¡Estamos con una rosa roja entre las manos

arrancada del pecho para ofrecerla al hombre!

¡Estamos con una rosa roja entre las manos

arrancada del pecho para ofrecerla al Pueblo!

¡Estamos con una rosa roja entre las manos

arrancada del pecho para ofrecerla al Pueblo!

Javier Luis Heraud (1942-1963)

 

Poeta y guerrillero peruano, nacido en Lima que, siendo muy joven, en el año de 1960, con apenas 18 años cumplidos, publica sus primeros poemarios El Río y El viaje. El 20 de diciembre de ese año comparte con el poeta César Calvo, el primer premio en el concurso “El poeta joven del Perú“, por su poemario El viaje. Ese mismo año ingresa a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima, a estudiar, como Otto René Castillo y Roque Dalton, Derecho; mostrando durante sus estudios un compromiso con las causas sociales.

 

En 1961, con apenas 19 años, se integra al Movimiento Social Progresista (MSP). En julio de ese mismo año, viaja a la ex URSS, invitado por el Fórum Internacional de la Juventud, hecho que marcarían el rumbo de su vida. Esto queda evidenciado en sus poemas En la plaza Roja de ese mismo año.

 

En 1962, habiendo cumplido 20 años, renunció al Movimiento Social Progresista, argumentando: “yo no creo que sea suficiente llamarse revolucionario para serlo”.

 

En 1963 regresa a Perú uniéndose al grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional bajo el seudónimo de “Rodrigo Machado”.

 

En la noche del 15 de mayo de 1963, Javier Heraud junto con otros seis compañeros discutieron con miembros de la Guardia Republicana, siendo conducidos a la comisaría. Es en el trayecto hacia ésta que uno de los detenidos disparó contra un agente (quien falleció minutos después), huyendo ellos.

 

Durante la madrugada del 15 de mayo Heraud y otros tres compañeros huían en una canoa, realizando disparos a sus perseguidores, los cuales respondieron con ráfagas de metralleta. En ese evento cayó abatido el Poeta y Revolucionario peruano. Póstumamente ganó los Juegos Florales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con su libro Estación reunida.

 

Vayan aquí dos de sus poemas.

Palabra de guerrillero

Porque mi patria es hermosa
corno una espada en el aire,
y más grande ahora y aún
más hermosa todavía,
yo hablo y la defiendo
con mi vida.
No me importa lo que digan
los traidores,
hemos cerrado el pasado
con gruesas lágrimas de acero.
El cielo es nuestro,
nuestro el pan de cada día,
hemos sembrado y cosechado
el trigo y la tierra,
y el trigo y la tierra
son nuestros,
y para siempre nos pertenecen
el mar
las montañas y los pájaros.

Yo no me río de la muerte

Yo nunca me río
de la muerte.
Simplemente
sucede que
no tengo
miedo
de
morir
entre
pájaros y arboles

Yo no me río de la muerte.
Pero a veces tengo sed
y pido un poco de vida,
a veces tengo sed y pregunto
diariamente, y como siempre
sucede que no hallo respuestas
sino una carcajada profunda
y negra. Ya lo dije, nunca
suelo reír de la muerte,
pero sí conozco su blanco
rostro, su tétrica vestimenta.

Yo no me río de la muerte.
Sin embargo, conozco su
blanca casa, conozco su
blanca vestimenta, conozco
su humedad y su silencio.

Claro está, la muerte no
me ha visitado todavía,
y Uds. preguntarán: ¿qué
conoces? No conozco nada.
Es cierto también eso.
Empero, sé que al llegar
ella yo estaré esperando,
yo estaré esperando de pie
o tal vez desayunando.
La miraré blandamente
(no se vaya a asustar)
y como jamás he reído
de su túnica, la acompañaré,
solitario y solitario.