POESÍA TRUNCA DE AMÉRICA LATINA(TERCERA Y ÚLTIMA PARTE)

HISTORIAS BREVES Y ALGO MÁS

POESÍA TRUNCA DE AMÉRICA LATINA
(TERCERA Y ÚLTIMA PARTE)

J. Enrique Alvarez Alcántara

17 DE JUNIO DEL 2020

“Si alguien quiere saber / cuál es mi patria/ no la busque, / no pregunte por ella. / Siga el rastro goteante por el mapa / y su efigie de patas imperfectas. / No pregunte si viene del rocío / o si tiene espirales en las piedras / o si tiene sabor ultramarino / o si el clima le huele en primavera. / No la busque ni alargue las pupilas. / No pregunte por ella…”

Pedro Mir

Entre la primera y segunda parte de esta breve trilogía de artículos dedicados a los Poetas y Poesía Trunca (así, con “P” mayúscula) de nuestra América Latina, hemos presentado a Ernesto Ché Guevara (Argentina) –de quien muy probablemente no supiéramos que escribía poesía–, a Rigoberto López Pérez, José Leonel Rugama Rugama, Ricardo Morales Avilés y Edwin Castro Rodríguez (Nicaragua) y, en la segunda parte de la tríada, a Otto René Castillo (Guatemala), Roque Dalton García (El Salvador) y Javier Luis Heraud (Perú).

Esta ocasión (Tercera y última parte) presentaremos a Íbero Gutiérrez (Uruguay), Raúl Gómez García (Cuba), Rony Lescouflair (Haití), Jaques Viau (Haití), y Francisco Urondo (Argentina).

A pesar de que tras el concepto de “Poesía Social”, dentro del ámbito literario, hace referencia a la “Poesía Comprometida” social y políticamente, además de ser considerada parte de un movimiento poético que se expresó bajo ese rubro dentro del movimiento español entre los años de 1950 y 1960, envuelto por las condiciones políticas propiciadas por la Dictadura Franquista y, a su vez, por la reivindicación de las libertades políticas y sociales, no tengo duda que también la poesía que estamos presentando cabe dentro de esta categoría. Sin embargo, los Poetas (y desde luego su obra Poética) que aquí hemos y estamos refiriendo también se enmarcan dentro del cuadro de los Movimientos de Liberación Nacional que se expresaron en diferentes países de América Latina. Es decir, aparte de escribir en sus ratos dedicados a ello, combatieron las feroces dictaduras que oprimieron a sus pueblos y naciones y, sin temor alguno, pagaron con su vida su participación en esta acción revolucionaria.

Para dar continuidad a esta trama de nuestras colaboraciones entraremos en materia.

Íbero Gutiérrez González (1949-1972).

Fue un escritor, poeta, artista plástico y militante del Movimiento Estudiantil en Uruguay, razón por la cual fue asesinado, a la edad de 22 años. Según algunos esbozos biográficos de este joven militante y Poeta, fue hallado muerto el día 28 de febrero de 1972, con 13 impactos de bala calibre 18, procedentes de distintas armas, en una cuneta en Montevideo. Según se sabe, fue asesinado por el grupo paramilitar de ultraderecha autodenominado Comando Caza Tupamaros. Sobre su cuerpo se halló un papel con una anotación que decía: “Vos también pediste ¡perdón! Bala por bala. Muerte por muerte”

Como los Poetas que antes hubimos presentado, Íbero Gutiérrez se inscribió a estudiar Derecho y militó dentro de la Federación de Estudiantes Universitarios.

Entre los 14 y los 16 años de edad escribió un Diario Personal en dos volúmenes, a los que denominó Libro I y Libro II. Entre 1966 y 1971 escribió nueve cuadernos de poesía, seis antologías de su obra, un cuaderno de reflexiones literarias y filosóficas, un diario de viaje (por Cuba y Francia), un diario carcelario y piezas breves de teatro.

Su obra fue publicándose de manera póstuma en diversas antologías. En el año de 1977 Mario Benedetti lo incluyó en la obra Poesía Truca. Diez años después, en 1987, estalló el boom de la difusión y estudio de su obra.

Vaya pues una pequeña muestra de ella:

Ennegrezco como una piedra
cada hora que pasa.
Soy una nube de tela
una mesa
un barril
una cosa.

No. Algo peor.

 

Existo ajeno-comprometido.
Soy un ser político, piedra de fuego, caja de Pandora.
Claros en los bosques.
Nubes de fuego en que se queman sus telas de cebolla.
Soy una cebolla.
No: algo peor”.

 

 

 

MUERAN

 

Mueran los viejos cadáveres

que asolan (sic) nuestra patria

los delincuentes preñados por dólares yanquis

que fundan la muerte

en cada esquina.

Mueran ladrones vestidos de frac

los que pululan en fiestas

diplomáticas

y beben whisky y fuman Pall-Mall;

esas rameras vagabundas, transhumantes

como el tal Berembau.

 

Mueran los añejos sueños

del país liberal 

del parlamento democrático-burgués

con los vetustos partidos políticos

engendros de la muerte

y la prostitución.

 

Mueran las instituciones benéficas

y las orondas damas

de sociedad

las que financian cada tanto

el hambre ajena

con migajas de pan.

 

Mueran los gallardos señores importantes

que viven en la bolsa de comercio

los de la panza hinchada

confidentes del crimen financiero.

 

Mueran los muertos putrefactos

dueños de este suelo

deudores de estos vivos, ellos

los convidados de piedra

de esta vida usurpada

a fuerza de torturas.

 

Raúl Gómez García (1928-1953).

 

Conocido bajo el seudónimo de El Ciudadano y, tras su muerte, reconocido como el Poeta de la Generación del Centenario, fue un revolucionario y poeta cubano que participó de las luchas contra el dictador Fulgencio Batista; como se sabe, participó en en el asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953.

 

También, y no deja de ser una coincidencia con la amplia mayoría de Poetas incluidos en esta trilogía, se inscribió a la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Sin embargo, después cambió por la carrera de pedagogía.

 

Al participar en los preparativos del asalto al Cuatel Moncada formó parte del grupo que tenía como misión ocupar el Hospital Civil. En esa acción fue herido, detenido, torturado y, finalmente, asesinado.

 

Haydée Santamaría, quien también fue detenida en esa acción, relató aquellos dolorosos momentos: “Estábamos en el piso del Club de Alistados, prisioneras. Trajeron a un joven tan brutalmente maltratado, que no pudo sostenerse y cayó al suelo. Cuando lo sentamos junto a nosotras, reconocimos a Raúl. Le habían sacado los dientes, lo habían golpeado aquellos bárbaros en forma tan salvaje, que no se podía explicar cómo pudo mantenerse sentado. Más tarde, lo asesinaron a golpes”.

Ya estamos en combate:

Ya estamos en combate
Por defender la idea de todos los que han muerto.
Para arrojar a los malos del histórico Templo
Por el heroico gesto de Maceo,
Por la dulce memoria de Martí.

En nuestra sangre hierve el hado azaroso
De las generaciones que todo lo brindaron,
En nuestros brazos se alzan los sueños clamorosos
Que vibran en el alma superior del cubano
Ya estamos en combate…

En nombre de las madres y de los hijos de nuestra tierra heroica
En nombre del honor y del decoro que construyó su historia
Por la estrofa magnífica del himno
“Que morir por la patria es vivir”

La libertad anida entre los pechos de los que viven hombres
Y por verla en la estrella solitaria es un honor luchar
A la generación del centenario le caben los honores,
De construir la patria que soñara el Maestro Inmortal.
Ya estamos en combate…… ¡Adelante!

Adelante hasta el nido superior de la gloria
Para que nazca en esta nueva aurora
La república digna y decorosa
Que fue el último anhelo de Chibás.

No importa que en la lucha caigan más héroes dignos
Serán más culpa y fango para el fiero tirano
Cuando se ama a la patria como hermoso símbolo
Si no se tienen armas se pelea con las manos.
Ya estamos en combate…… ¡Adelante!

De nuestra lucha heroica depende la Cuba verdadera
La de furia loca de Gómez y Agramonte…
La de la lucha pura de Mella y de Guiteras…
Adelante, Cubanos…… ¡Adelante!

Por nuestro honor de hombres ya estamos en combate
Pongamos en ridículo la actitud egoísta del Tirano
Luchemos hoy o nunca por una Cuba sin esclavos
Sintamos en lo hondo la sed enfebrecida de la patria
Pongamos en la cima del Turquino la Estrella Solitaria.

Rony Lescouflair (1942-1967 –¿?–)

Poeta haitiano desparecido por la policía de Haití (Tonton Macoutes) en diciembre del año de 1967, desde entonces se desconoce su paradero o condición; fue militante del PEP haitiano y se caraterizó por su ideología marxista; este Poeta estuvo en la cárcel por escribir poesía contra el autonombrado “presidente vitalicio”, sí, ese que mandó erigir un enorme cartel en la bahía de Puerto Príncipe, compuesto por gigantescas letras rojas donde se leía esta frase pronunciada en alguno de sus discursos: “Yo soy la bandera haitiana, una e indivisible”; mientras estaba preso, se preguntaba Rony Lescouflair

Vaya una muestra de sus obra poética.

“¿Quién no duda ante el esfuerzo por cumplir,
ante la ostentación de un mundo por construir o reconstruir
cuando la podredumbre febril lo roe hasta su síntesis
hasta su profundo desdoblamiento?”

Ese presidente autonombrado (1960) y respaldado por el gobieno de los Estados Unidos, fue Françoise Duvalier (Papá Doc) –padre del siguiente dictador, Jean-Claude Duvalier (Baby Doc)–, quien un día lo mandó desaparecer mediante su brutal policía al darse cuenta que ni las amenazas ni las torturas podían silenciar sus llamados de pasar a la acción para destronar al opresor. Entre otros, escribió estos tres muy breves poemas:

“No basta tener sed para hacer brotar la fuente.
Es necesario escarbar la tierra hasta lo más profundo
de sus entrañas, y con los propios dedos”

 Tres veces cantó el gallo / Pedro no traicionó: / se hizo diplomático.

 “Tengo la angustia de las tinieblas en mi nuca
Tengo el calor de los golpes / ignorado bajo mi piel.
Que se levante al fin el sol / y ahuyente mi miedo”.

La Dictadura de los Duvalier (1957-1986), en Haití, y la de Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961), en Republica Dominicana, largas y sanguinarias, fueron siempre apoyadas por los gobiernos de los Estados Unidos bajo el supuesto de que a ellos “les correspondía adoptar políticas de contención tanto estratégica como económica para impedir una mayor expansión del incendio revolucionario por el mundo colonial y semicolonial, soportando las estructuras de los imperios tradicionales en África y Asia y manteniendo gobiernos autocráticos de orientación anticomunista en América Latina”, además de contrapesar el reciente triunfo de la “Revolución cubana”.

 

Jaques Viau Reanaud (1942-1965)

 

Poeta y Revolucionario haitiano, era hijo de un importante líder político que fue candidato presidencial en Haití, en unas elecciones fraudulentas que François Duvalier “ganó” (1957), para convertirse en el sanguinario dictador que oprimió durante lustros a Haití y que heredó su legado a su hijo “Baby Doc”, quien prolongó la dictadura familiar.

 

El padre del Poeta, hacia el año de 1958, debió exiliarse en Santo Domingo para escapar, con su familia y su hijo de apenas seis años de edad, de la feroz dictadura de “Papá Doc”.

 

Cuando llegó abril de 1965, este joven Poeta y Revolucionario, con apenas 22 años de edad, “quien caminaba la ciudad pequeña con sus cuadernos de poesía, que daba clases en el Liceo Dominicano, se unió a los jóvenes dominicanos que levantaron trincheras para defender sus ideales libertarios”. Sin embargo, cuando los soldados intervencionistas de los Estados Unidos avanzaron sobre la ciudad rebelde de la República Dominicana, según se cuenta, “lo encontraron en la primera línea de fuego. Tenía versos y fusil. En esos combates quedó herido y vivió horas de agonía, ante el avance del ejército estadounidense”.

 

Juan José Ayuso, otro Poeta, escribió un poema dedicado a Jaques Viau:

 

Pasa Jacques Viau,

montado en una estrella,

por el cielo invadido

abajo nadie duerme

todos ven a Jacques pasar

montado en una estrella

abriendo un surco claro

para que el sueño quepa

Uno de sus poemas más conocidos y difundidos, del cual incluyo un fragmento, es:

 

Permanencia del Llanto

 

II

 

Ya no es necesario atar al hombre para matarlo.

Basta con apretar un botón

y se disuelve como montaña de sal bajo la lluvia.

Ni es necesario argüir que desprecia al amo.

Basta con proclamar – ceñuda la frente –

que comprometía la existencia de veinte siglos.

Veinte siglos,

dos mil años de combatida pureza,

dos mil años de sonrisas clandestinas,

dos mil años de hartura para los príncipes.

Ya no es necesario atar al hombre para matarlo.

La noche,

los rincones,

no,

nada de eso sirve ya.

Plazoletas y anchas calles se prestan bulliciosas.

No cuenta el asesino con los pacientes,

No cuenta el príncipe con los sumisos.

Todos han olvidado que el hombre es aún capaz de cólera.

Las llamas se extinguen sin haber consumido el odio.

El día irredento ha postergado la resurrección del hombre.

Y los otros,

aquellos que presencian la matanza sentenciando:

«¡Locos, habéis tocado a la puerta de la muerte

y ella se quedó en vosotros!»

Esos

Solo saben predecir la muerte,

No han aprendido a combatirla.

No han aprendido a cobijar la tierra en el corazón

ni a ganar la patria para el hombre.

Y el sumiso, ¿qué hace?

¿Dónde deposita su silencio?

¿En qué lugar del corazón teje la venganza?

Nadie lo sabe.

Todos le han olvidado.

Se ha dictaminado que su morada sea la sombra,

que el pan deshabitado sea su alimento,

que el pico le prepare el lecho

y la pala le cubra el corazón.

¿Qué es el hombre combatido?

Nadie lo recuerda.

Lo visten los trapos.

Lo arrojaron en la parte trasera de la casa

y allí

con los residuos

un guiñapo se amontona.

Las llamas se extinguen.

Se arrinconan los hombres en una sola sombra,

en un solo silencio,

en un solo vocablo,

en un llanto solo

y cuando todo sea uno,

uno el llanto y el vocablo uno

no habrá paz sobre la tierra.

¿No habrá paz? 

 

Francisco Urondo (1930-1976).

 

Poeta y Revolucionario argentino quien, según una nota biográfica publicada hace varios años “Fue un hombre de trascendencia pública que vivió con intensidad el periodo de la década de los años 70’s del siglo pasado, en Buenos Aires, ese mismo decenio se sumó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y, en plena dictadura de Alejandro Agustín Lanusse, fue hecho prisionero. Según contaba Julio Cortázar “Cuando me enteré de ello, viviendo en París, pedí autorización a la dictadura para visitarlo, pero no se me otorgó tal permiso.

Francisco Urondo escribió La Patria Fusilada, después de los fusilamientos de Trelew (1972): “La Patria fusilada, un libro de 140 páginas, surgió de una larga mateada en una celda –de nueve de la noche a tres de la mañana—donde los tres sobrevivientes del asunto Trelew le contaron a Urondo todos los detalles de lo sucedido aquel 22 de agosto de 1972, en la Base Almirante Zar de Trelew, donde los muertos fueron 16” dijo un personaje con quien platicó del suceso el Poeta.

La primera edición de La Patria Fusilada se hizo exactamente un año después de aquellos fusilamientos. Con el peronismo en el gobierno y con Urondo libre. En ese momento, las FAR se unen con el Movimiento Peronista Montonero (MPM) y Urondo se encuadra en esa fusión.

En el año de 1976, durante una persecución, lo detuvieron y de un culatazo en la cabeza fue asesinado por los esbirros de la dictadura argentina.

Vaya uno de sus poemas

La Verdad es la Única Realidad

 

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o de la producción.
Los sueños, sueños son; recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el angelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera,
son parte de la memoria, no suponen necesariamente el presente, pero
pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso cubriendo la Patagonia
porque las
masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad como
la esperanza recatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse, a rescatar
lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.

Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973.