“LOS LÍMITES NO SE ENCUENTRAN DONDE CREEMOS”ISAURA MARGARITA PORRAS

BREVES HISTORIAS Y ALGO MÁS

“LOS LÍMITES NO SE ENCUENTRAN DONDE CREEMOS”
ISAURA MARGARITA PORRAS

02 de julio del 2020

J. Enrique Alvarez Alcántara

Presentación. El día lunes 29 de junio último, Isaura Margarita Porras, integrante de la Primera Generación de Alumnos de la Licenciatura en Interpretación y Ejecución Musical (2016-2020), de la Escuela de Teatro, Danza y Música, de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), participó en el Acto Oficial de Graduación a Distancia organizado por la propia Escuela.

Como expresa claramente Eliseo Guajardo Ramos, en su artículo de opinión: La Inclusión Educativa en la UAEM, publicado por El Regional del Sur el 01 de julio de este año 2020 (https://www.elregional.com.mx/inclusion-educativa-en-la-uae-margarita-porras-primera-generacion-escuela-de-teatro-danza-y-musica-uaem):

“Muchas vicisitudes le han ocurrido esta generación, les tocó el sismo (… del 19/09/17…), la huelga (… del SITAUAEM en el año de 1918…) y ahora de salida la Pandemia (… por el COVID-19…) y han tenido que terminar sus estudios en línea. A esta generación pertenece Isaura Margarita Porras Cruz, una joven con ceguera congénita y con Síndrome de Down. Quien estuvo en la Ceremonia con sus Padres César Porras e Imelda Cruz”.

Por esta razón algunos universitarios han optado por denominar a esta generación La Generación de la Resiliencia.

Este hecho, sumamente significativo, merece, sin duda alguna, ser difundido y reconocido porque Margarita y su familia, pese a todas las barreras u obstáculos que tuvieron que afrontar y vencer desde el mismo nacimiento, de ellas han obtenido un éxito inédito en el campo de la promoción del desarrollo y participación en la dinámica social.

También es justo decirlo, la política que la UAEM aprobó e impulsó para favorecer la Inclusión de Personas con Discapacidad dentro de sus programas educativos fue una oportunidad que aprovecharon varios alumnos y sus familias y que, de no haber existido esta opción, no hubiesen logrado concluir una carrera universitaria.

Para la elaboración de la presente colaboración me serviré de un apartado del libro Historias de Vida y Algo Más, de mi autoría.

¿Quién es Isaura Margarita Porras Cruz? Isaura Margarita nace en el año de 1985 y, dado que desde su nacimiento adolecía de ceguera, entre otros problemas, se trasladó con su familia a la Ciudad de México para que pudiera recibir atención especializada. Posteriormente, en la Ciudad de Cuautla, le fue adicionado el diagnóstico de Síndrome de Down.

Los cuerpos de médicos que le atendieron, tanto en la ciudad de México, como en la de Cuautla, Morelos, dieron a la madre y padre de Isaura, como pronóstico inequívoco, la muerte antes de cumplir los tres años. Sin embargo, ello no fue así.

También dijeron a sus padres que no hablaría, no caminaría y no aprendería nada; tampoco fue así.

Los padres de Isaura, entonces, a lo largo de los primeros doce años de vida de ésta, cual parias trashumantes, buscaron de hospital en hospital la “cura de Isaura”, “cura” que no llegó. Frustración y esperanza, una tras otra, a lo largo de más de una década, como péndulo, golpeaba los sueños y quimeras de su familia.

Decidieron trasladarse una temporada a Chiapas pues la madre de Isaura es originaria de allá; entonces allí decidieron inscribirla en un Centro de Atención Múltiple (CAM), de Educación Especial, pero como tal CAM no contaba con especialistas para personas con ceguera, pese a tener inscritos alumnos con Síndrome de Down y un alumno con ceguera, no prosiguió su educación básica en dicho Centro Educativo.

Por otro lado, cada tres meses debían ir a la Ciudad de México, en una búsqueda sin término, a la Escuela para Ciegos de Coyoacán, escuela que organizaba un “Programa para Casa”, programa que debía instrumentar su madre, quien, además, se tornaba terapeuta, educadora, enfermera y cuidadora primaria de Isaura.

Debo agregar que la falta de una política pública seria y amplia tenía implicaciones económicas, de transporte, psicológicas y físicas para toda la familia. Un problema, supondrán muchos, de carácter social, se tornaba familiar y personal, además de ser afrontado en instancias de naturaleza privada, de modo que la atención de Isaura, debido a la falta de alternativas institucionales de carácter público, fue privatizándose progresivamente.

Posteriormente se trasladaron a Morelos, a la ciudad de Cuautla, teniendo que ir y regresar diariamente, de Cuautla a Cuernavaca, para encontrar oportunidades de desarrollo. Otra vez, itero, la falta de una política pública seria y amplia tenía implicaciones económicas, de transporte, psicológicas y físicas para toda la familia.

Ya en Morelos comenzaron a llevarla a una asociación ACREC, en Cuernavaca, y la llevaron también al CAM N.º 8, que tenía recursos y experiencia de trabajo con personas ciegas o débiles visuales; sin embargo, nada pudo progresar en estas instituciones pues Isaura no sólo poseía una ceguera y Síndrome de Down, sino que, además tales instituciones fueron incapaces de propiciar el desarrollo y aprendizaje de Isaura

Convencida ya su familia de la incapacidad de tales instituciones para propiciar las condiciones favorables para el desarrollo y aprendizaje de Isaura, se vio precisada a contratar una maestra privada para que trabajara educativamente con ella; esta maestra, en su domicilio le entrenaba y enseñaba lo necesario, según los programas educativos para educación básica, pero como no era escuela, no entregaba certificación alguna de los progresos que tenía.

Entonces la maestra “Tere” la preparó para presentar sus exámenes de primaria y secundaria en el INEA, de modo que obtuviera ambas certificaciones, cosa que, por demás, logró en un periodo de tiempo largo. Empero exitoso al fin.

Posteriormente, sus padres que jamás cejaron en sus sueños, sobre todo su madre, Himelda, la inscribieron en el Programa de Preparatoria Abierta que el Centro de Atención Educativa para Personas con Discapacidad (CAED) “Gilberto Rincón Gallardo”, en el CETIS 12 de CIVAC, promueve y, a lo largo de otra dosis de años, termina su bachillerato.

Ni Educación Especial en el estado de Morelos, ni las asociaciones, ni el DIF Morelos, nadie parecía aportar.

Isaura Margarita certificó su primaria y secundaria a través de los programas correspondientes que promueve el INEA; asimismo, el Programa de Preparatoria CAED, en el CETI’s 12 de CIVAC, fue el medio que le permitió certificar su bachillerato. Tocaba el turno de acercarse a la Educación Superior.

El año 2015, la Máxima Casa de Estudios Morelense –la UAEM—, como lo hace cada año, publicó su convocatoria para ingresar a los programas educativos de los niveles Medio Superior y Superior; Himelda, madre de Isaura, y ella misma, realizaron los trámites necesarios y solicitaron que se le aplicara la versión en Braille del examen de ingreso, puesto que, como ya se dijo también, adolece de ceguera.

Isaura, dada la asombrosa competencia que posee para interpretar el piano, anhelaba y deseaba ingresar a la Lic. en Música, dentro de la línea de Interpretación de algún instrumento y, como recién expresé, lo era el piano.

El día del examen se presentó y, al ser calificado, pudo hacerse evidente que poseía los recursos intelectuales, emocionales, técnicos y prácticos para realizar exitosamente su carrera. Se le inscribió al curso propedéutico para que fuese evaluada en cuanto al campo específico de interés y la Escuela de Teatro, Danza y Música de la universidad, y se consideró la pertinencia de inscribirla. Hoy, ha concluido sus estudios y logrado una meta más en su vida.

Empero, ¿Por qué la música?, ¿Por qué el piano? Himelda nos comenta: “Cuando Isaura tenía una edad aproximada de cinco años, su papá le compró un teclado de juguete, y empezó jugando; ya cuando hubo cumplido aproximadamente ocho años, su papá y yo, comenzamos a buscarle un maestro que le enseñara de una manera formal, en Cuautla, pero ninguno se atrevía a hacerlo pues alegaban desconocimiento y, tal vez, pensaban que no aprendería; (…) el azar nos permitió conocer una chica que hacía una demostración en una tienda de instrumentos musicales de un piano Yamaha, entonces me dije: –Y si le pregunto si acepta enseñarle a Isaura ¿qué pierdo?— (…) Se acercó y le dijo: fíjate que tengo una hija que está ciega y le gusta la música pero no encontramos quien quiera hacerlo, ¿te gustaría enseñarle? Y la pianista dijo: -Sí, llévela a mi casa (…) Esa maestra se llama Ana de Arce Moreno, desde ese entonces, hasta ahora, ella ha sido su maestra-tutora principal (…)”.

Isaura ha aprendido, desde sus orígenes, escuchando y memorizando la música, leyendo clases en Braille –lento porque sus tiempos y modos de aprendizaje así lo requieren— y ejecutando y comparando su ejecución contra lo que escucha y sabe que debe ser ejecutado –en tempo, forma y técnica—de tal manera.

Años más tarde, inició, por decirlo así, en forma seria, su trabajo de intérprete de piano en el Centro Morelense de las Artes, dentro del cual, un maestro ciego, apoyó su formación. Este maestro se llama Eduardo Ibarra. Éste se encargó de fortalecer su manejo del Braille y la maestra Margarita Martínez le apoyó con el piano.

Los procedimientos pedagógicos para enseñarle piano consistieron en el fraccionamiento de grabaciones, de modo que trabajara lo correspondiente con mano derecha y lo conducente para la mano izquierda; además de la melodía y el acompañamiento; adicionado a lo que la memoria le aportara y, desde luego, la supervisión.

Destaco que esta línea de trabajo tampoco ha sido en organismos o instituciones públicas, ha sido de manera privada y con base en costos económicos, físicos, de transporte y emocionales.

Himelda agrega: -“Bueno, hasta ahora que acaba de ingresar a la UAEM, puedo decir que por vez primera una institución pública nos abre las puertas en el área de la educación musical”.

Este hecho, casi insignificante, fue el que rompió el círculo vicioso que torna un evento sociocultural, sociopolítico y socioeconómico –como lo es el de la discapacidad— en un problema de naturaleza individual o personal –de Isaura Margarita— o familiar –de su padre, madre y hermanos—.

Este hecho, casi insignificante, muestra que, si se transforman las estructuras e instituciones sociales que crean e imponen las Barreras de Acceso a la Educación, enfrentaremos de una manera más efectiva la exclusión educativa. En fin, asumimos que el problema no es la ceguera o el Síndrome de Down, pues esta condición les fue impuesta biológicamente y no es curable por no ser una enfermedad, pero las condiciones sociales de existencia que les imponen barreras a ellos, no cabe duda, son las que debemos enfrentar con entereza y tenacidad.