“Como ir a la guerra”: familiares de médicos ante el Covid

Dulce Valdepeña

La primera vez que su hermano Jorge estuvo en contacto con pacientes en área de Covid, contó a su familia que no podría llegar a Morelos para no acercarse a la familia, “fue un día triste para mi. Cada vez que se regresa a la ciudad de México, el sentir de la familia es como si se fuera a la guerra”, dice Mayra Rosas Blancarte, al recordar que cada día, su hermano está expuesto al virus.

Su prima, Catalina como asistente médica del hospital de infectología en el Hospital de la Raza, se contagió y durante una semana en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) sólo le recomendaban estar en casa; la prueba de laboratorio salió negativa el mismo día que su radiografía reportaba neumonía y en el hospital se negaban a internarla hasta que después de cinco días de síntomas como dolor de espalda, tos leve y dolor muscular hasta que ya no pudo respirar. Ese día no volvieron a saber de ella hasta que fue dada de alta.

“Para mi fueron dos semanas de llorar porque solo sabíamos que estaba grave, el día que el médico dijo que ya no había nada médicamente que hacer sino que dependía de su cuerpo, ese día no podía imaginar que ella podría morir. Ella tiene 36 años y mi hermano 37 así que aunque ella está bien, al parecer quedó con una afectación cardiaca”, continúa.

Posteriormente, ella se contagió y afirma que pudo ser en una reunión laboral. Una persona con rostro enfermo no dejaba de toser mientras intercambiaba documentos con ella por un lapso de casi tres horas. Aunque traía cubrebocas, la persona constantemente se quitaba el cubrebocas al toser; opina que pudo tener la responsabilidad social de quedarse en casa y evitar la imprudencia de no usar correctamente el cubrebocas por donde puede escapar el virus.

Por la experiencia de sus familiares, el tema del virus siempre lo tomó en serio sobre todo porque los hijos de Mayra son asmáticos y tiene problemas en los bronquios así que el miedo de contagio siempre estuvo presente.

“En la calle usaba careta y cubrebocas N95 pero mi error fue no usar guantes y cuando esa persona tosía yo le daba documentos y me los regresaba”, recuerda que además al interior de su centro de trabajo usaba protección.

A los nueve días comenzó a sentir un escalofrío “muy raro”, regresó a su casa ubicada en la región oriente. Al otro día se levantó con mareos, tanto que, al caminar sentía que podía chocar con cosas así que pensó que se había deshidratado porque no sentía fiebre solo dolor de cabeza además del mareo.

Por la noche decidió dormir en una recámara alejada, al otro día su hermano radiólogo llegó de la Ciudad de México y al observarla concluyó que los síntomas no eran normales; ya presentaba dolor de huesos, muscular y articulaciones incluso de los dedos. Después llegaron los síntomas en la nariz con resequedad y mucosidad a la vez.

Ya pasó una semana y el dolor de cabeza así como de la mucosidad no se quita desde el momento en que despierta por las mañanas. La fiebre va y viene. En aislamiento total sólo puede ver a sus hijos detrás de la ventana y su mamá le lleva comida.

En la receta médica expedida el pasado 12 de junio por los Servicios de Salud, se recetó Paracetamol y Osetamivir, se indicó acudir a su clínica de derechohabiencia para valoración y toma de muestra, medidas higiénico dietéticas y aumentar la ingesta de agua simple así como evitar cambios bruscos de temperatura. No faltó el remedio casero: muchos líquidos, tés calientes de jengibre con miel.

Al tercer día de síntomas, llamó a la línea Covid del gobierno federal donde el servicio lo califica como rápido y bueno. Le dijeron vía telefónica que todo lo que presentaba era cuadro de Covid.

La única forma de comprobar el diagnóstico es con la prueba o con la placa si sale con neumonía o con ciertos síntomas marcados puede considerarse como sospecha. La prueba en el sector privado asciende a los 2 mil 800 pesos.

“Y entonces, muchos sienten síntomas y si lo viven desde la ignorancia no se hacen prueba y la gente que cree y sospecha si no tiene dinero no se hace la prueba y entonces aumentan los contagios”, opina. Para Mayra que la gente crea que no exista el virus, enoja, también que tome con ligereza las medidas de protección. “Porque no saben lo que es sentir que tu familiar está debatiendo su vida entre la vida y la muerte”, comenta.

Como madre soltera, la preocupación por el bienestar y cuidado de sus hijos aumenta. “¿y si no hubiera resistido mi cuerpo?. Aunque es cierto que dicen que en algún momento todos enfermaremos de Covid19, “creo que ninguna persona merecemos enfermar o morir por la irresponsabilidad social de alguien más”, concluye.


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