“Los límites no se encuentran donde creemos” (segunda parte)

BREVES HISTORIAS Y ALGO MÁS

 

“LOS LÍMITES NO SE ENCUENTRAN DONDE CREEMOS”

(SEGUNDA PARTE)

 

CRISTINA ISABEL DOMÍNGUEZ REYNA

 

09 de julio del 2020

 

  1. Enrique Alvarez Alcántara

Presentación. El día viernes 26 de junio último, Cristina Isabel Domínguez Reyna, perteneciente a la Generación de Alumnos de la Licenciatura en Psicología N.º 56 (2014-2018), de la Facultad de Psicología, de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), realizó su examen de titulación mediante el cual obtuvo la Licenciatura en Psicología.

 

Este suceso, como lo fue el de Isaura Margarita Porras, para el caso de la Licenciatura en Interpretación y Ejecución Musical (2016-2020), de la Escuela de Teatro, Danza y Música, de la misma institución, o para algunos otros personajes que han tenido éxito al cursar su educación superior en la Máxima Casa de Estudios del estado de Morelos, no puede permanecer como un evento más.

 

Debemos tener en cuenta que estas generaciones de alumnos, al decir de Eliseo Guajardo Ramos (Director de la Unidad de Inclusión Educativa de la UAEM) en su artículo de opinión: La Inclusión Educativa en la UAEM, publicado por El Regional del Sur el 01 de julio de este año 2020 (https://www.elregional.com.mx/inclusion-educativa-en-la-uae-margarita-porras-primera-generacion-escuela-de-teatro-danza-y-musica-uaem):

Muchas vicisitudes le han ocurrido esta generación (de alumnos), les tocó el sismo (… del 19/09/17…), la huelga (… del SITAUAEM en el año de 1918…) y ahora de salida la Pandemia (… por el COVID-19…) y han tenido que terminar sus estudios en línea”.

 

Por esta razón, en nuestra colaboración precedente expresaba que algunos universitarios han optado por denominar a estas generaciones Las Generaciones de la Resiliencia. (https://spcnoticias.com/2020/07/02/los-limites-no-se-encuentran-donde-creemosisaura-margarita-porras/)

 

Sin embargo, no considero que estas circunstancias, por sí mismas, sean lo suficientemente relevantes como para ocupar, amables lectores, su atención y su tiempo, así como para destacarlo en esta breve crónica.

 

Este hecho, sumamente significativo, merece, sin duda alguna, ser difundido y reconocido porque Cristina y su familia, pese a todas las barreras y obstáculos que tuvieron que afrontar y vencer desde el mismo nacimiento de ella, como familia ha obtenido un éxito indiscutible en el campo de la promoción del desarrollo y participación en la dinámica social.

 

También es justo decirlo, y reitero lo que expresé antes, la política que la UAEM aprobó e impulsó para favorecer la Inclusión de Personas con Discapacidad dentro de sus programas educativos fue una oportunidad que aprovecharon varios alumnos y sus familias y que, de no haber existido esta opción, no hubiesen logrado concluir una carrera universitaria.

 

Pese a que al decir de Cristina (de aquí en adelante Criss), a pregunta expresa, realizada de manera directa por mi persona:

 

  • ¿Qué sería de ti si no hubiera existido esta opción en la UAEM; hubieses podido hacerlo en una escuela privada?

 

  • Sí, sí podría haber estudiado en una escuela privada… pero no quise.

 

Debo decir, antes de proseguir con este texto que la propia Criss me aportó la información que presento a ustedes, así como la fotografía que incluyo. Es decir, que cuento con el consentimiento informado de ella para elaborar la presente crónica pues, además, le informé que era con el propósito de hacer esta publicación.

 

¿Quién es Cristina Isabel Domínguez Reyna (Criss)? Criss nació hace exactamente 28 años en la Ciudad de México y le diagnosticaron Parálisis Cerebral Infantil;

 

Debido a mi discapacidad, durante mis primeros años de vida, asistí a un Centro de Atención Múltiple (CAM), de Educación Especial y, a partir de los cinco años, fui integrada a la escuela regular, donde a pesar de las dificultades, tanto arquitectónicas como sociales y, contra todo pronóstico, logré primero, terminar en 2014, un bachillerato tecnológico en informática administrativa”.

 

Quiero destacar el hecho de que la expresión, clara y nítida, “contra todo pronóstico” no es una mera fórmula retórica para seducirles emocionalmente. ¡No!

El neurólogo que le vio desde muy pequeña, como a tantos otros seres humanos, le auguró una muerte segura antes de que cumpliera los dos años, y tal vez habrá llegado a considerar que en caso de sobrevivir no caminaría jamás, no hablaría, no aprendería ni, mucho menos, tendría una profesión. Dice, no sin cierto dejo de ironía la misma Criss: “y ahora el que está muerto es él”.

Por otro lado, según expresa Criss, una vez concluido su Bachillerato Tecnológico:

Pensaba (… continuar mis estudios en esa misma institución educativa y…) empezar mi formación universitaria, a pesar de que era una universidad privada, pues ya me había adaptado a las condiciones sociales (… culturales y arquitectónicas de ésta…). Sin embargo, tenía la curiosidad y el ‘hambre’ de hacer el examen de admisión a la UAEM y gracias al “Programa Universitario para la Inclusión Educativa y Atención a la Diversidad”, que es el instrumento del cual dispone la Universidad Autónoma del Estado de Morelos para asegurar la inclusión educativa de las personas con discapacidad, (… me presenté…) al examen y fui aceptada en el curso propedéutico, donde viví grandes experiencias, que demuestran la importancia de la empatía para una buena inclusión”.

La propia Criss manifestará expontánea y naturalmente que su paso por la UAEM y por la Facultad de Psicología le aportaron experiencias no solo académicas y disciplinares, sino que también le permitieron reconocer que la Inclusión de Personas con Discapacidad dentro de la UAEM y de otras Instituciones de Educación Superior, además de enfrentar serias dificultades, a su vez se encuentra ante enormes retos y oportunidades que permiten avanzar en este ámbito de la educación superior.

“Aunque yo no tuve necesidad de muchas adecuaciones curriculares –continúa Criss– conocí a compañeros con discapacidad que no estaban conformes con las adecuaciones que se implementaban a su estancia en el aula, lo cual demuestra que hay todavía mucho por hacer, pero se está avanzando”.

 

Casi para terminar la breve charla que con ella tuvimos, rematará con estas ideas su éxito y su satisfacción.

“Ahora espero (…Tener…) el titulo para poder empezar a estudiar la maestría en Desarrollo Humano Diferencial, por mi gran interés en la inclusión y en las causas sociales (…)

 

También, he sido voluntaria y he participado en diferentes asociaciones dedicadas a la inclusión de personas con discapacidad. Actualmente, soy miembro activo de la Comisión de Discapacidad dentro de la Red de Jóvenes Políticos de las Américas, Capítulo Morelos, y fui Diputada Juvenil en el Parlamento Juvenil 2019, y seguiré trabajando por y para una verdadera inclusión”.

 

Ahora bien, Criss, lo mismo que otras jóvenes, ha experimentado las vicisitudes del enamoramiento, de la afectividad de pareja, el amor, el noviazgo, las fiestas, los “Brincos” (bailes del “chinelo”) de la Universidad, qué se yo.

 

Ella considera que no hay otra forma de incluirse en la vida colectiva y sociocultural que no sea la de incluirse efectivamente y no excluirse uno mismo.

 

Al decir de Fernando Pessoa, saludando poéticamente a Walt Whitman en un soneto claramente emotivo y sincero:

“Atravieso tus versos como una multitud que choca conmigo,

y huelo el sudor, el aceite y la actividad humana y mecánica.

En tus versos, a cierta altura, no sé si leo o si vivo,

no sé si mi lugar real está en el mundo o en tus versos;

no sé si estoy aquí, de pie sobre la tierra natural

o de cabeza, pendiendo en una especie de morada,

al abrigo natural de tu inspiración de tropel,

en el centro del techo de tu intensidad inaccesible.

¡Ábranme todas las puertas!

¡Por fuerza he de pasar!

¿Mi identificación? ¡Walt Whitman!

Pero no doy identificación alguna…

Paso sin explicaciones…

Si fuera preciso echo abajo la puerta.

Así ha cantado Criss, como también le cantó al viejo Walt, en una Oda, el enorme Federico García Lorca:

Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson

con la barba hacia el polo y las manos abiertas.

Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando,

camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.

Duerme, no queda nada.

Una danza de muros agita las praderas

y América se anega de máquinas y llanto.

Quiero que el aire fuerte de la noche más honda

quite flores y letras del arco donde duermes

y un niño negro anuncie a los blancos del oro

la llegada del reino de la espiga.

 

Así, Criss le canta a la vida, y no con versos escritos con la tinta negra, sino con la sangre de su vida misma.