Breves Historias y algo más: Rosa González

 

BREVES HISTORIAS Y ALGO MÁS

 

  1. Enrique Alvarez Alcántara

 

31 de julio del 2020

 

A: Rosa González, Claudia y Adriana

ROSA GONZÁLES NAVARRO Y FAMILIA

Quiero mostrar a ustedes, nuevamente, una historia de vida ejemplar que merece ser conocida para retomar vivencias de seres humanos que han dado su vida por los demás.

Esta Historia de Vida apareció publicada en el libro: Historias de Vida y Algo Más, del Fondo Editorial Latinoamericanos BookYachay, de Huancayo, Perú, en el año 2019.

Debo, por principio de cuentas, expresar que expuse la idea de escribir esta breve historia de vida a la Profesora Rosa González Navarro y, a través suyo, a sus hijas –Claudia y Adriana—, en la Librería del Fondo de Cultura Económica “Rosario Castellanos”, en la Cd. de México y, no sólo les pareció atractiva, sino que también expresaron su apoyo incondicional para exponerla por este medio y, sin reticencia alguna la aprobaron.

Asimismo, manifiesto que el cineasta José Peguero –quien hubiese trabajado el documental Enrique Alvarez: La vida pasada en limpio, premiado con el 1er lugar VIDEOMED-MÉXICO, el año de 1988—pretendió dar continuidad a esta serie de documentales La vida pasada en limpio, con la historia de Claudia, contada por ella misma. Lamentablemente no fue posible en ese momento proseguir con su obra y ésta quedó inconclusa.

Pese a ello aquí avanzo la propia idea del cineasta y de Claudia.

Ahora bien, permítanme dar comienzo a esta historia que parece de novela y déjenme contarles lo que ignoro si son recuerdos nítidos, si son reminiscencias compartidas recurrentemente por ella y por mí, para que no mueran o, si son vagas nebulosas de sueños o retazos de deseos guardados más allá de la conciencia.

Hube conocido a la profesora Rosa González Navarro en el año de 1979, durante la realización del 2º Congreso Mexicano de Psicología, en el Centro Médico Nacional Siglo XXI, del IMSS, en la Cd. de México, y organizado por la Sociedad Mexicana de Psicología.

Una de las conferencias impartidas en éste versaba sobre la Psicología del Tacto y su relación con la sordo-ceguera simultánea y congénita, a cargo del Dr. Boris Lómov, de la Ex Unión Soviética; fue también este espacio académico el punto de encuentro que mostró a la Profra. Rosa Gonzáles y a mí mismo que había algo que nos uniría de manera inevitable a lo largo de los años.

Para esa época debía ser yo un joven –de poco más de 20 años—, ávido de acercamiento con los fundamentos teóricos y metodológicos de la Psicología Soviética y de la –perfectamente desconocida en nuestras universidades y facultades de psicología, en ese momento—Neuropsicología. Ella, en ese entonces, era Profesora de Educación Básica y trabajaba como asesora para el ámbito de los entonces denominados Impedimentos del Aparato Locomotor, en la Dirección General de Educación Especial (DGEE).

Por otro lado, en relación con el Mtro. Jorge Osorio Galleguillos, también asesor de la DGEE para la cuestión relativa a los asuntos de psicomotricidad, configuró un centro de trabajo privado denominado Centro de Desarrollo Integral Henri Wallon.

A partir de este primer encuentro, ambos nos dimos cuenta de que la comunión de intereses intelectuales y personales nos acercaban y dimos inicio a una relación que a 40 años permaneció inalterable.

Los intereses circundaban alrededor del estudio, diseño e instrumentación de estrategias de aproximación neuropsicológica a los Impedimentos del Aparato Locomotor, al Autismo y a los diferentes problemas que enfrenta la infancia durante su desarrollo y aprendizaje escolar.

Una vez precisados estos elementos acordamos constituir el Centro de Desarrollo Integral A. R. Luria y cerrar el que se denominaba Henri Wallon.

Según lo expuesto hasta aquí, parece que no es trascendente y extraordinario, como objeto de interés, un encuentro de quien escribe esta Historia de Vida y de quien constituye el personaje de la misma; sin embargo, ello no es así, pues a partir de este suceso es que surge lo que verdaderamente importa destacar y que merece la pena ser contado y conocido.

*

La Profesora Rosa González, déjenme contarles, se hizo madre, como la mía, en la década de los años 50 del siglo pasado. Como mi madre, ella tuvo una hija con secuelas de la entonces denominada Parálisis Cerebral Infantil.

En esa época no existía programa alguno que ofreciera atención a quienes sufrían las consecuencias de diversos problemas al nacimiento, así como de secuelas postnatales que provocaran diversos problemas para el desarrollo y para la inclusión en el sistema educativo nacional o en los sistemas de salud de los menores que adolecieran de tales problemática. Tampoco existían “Modelos” de atención, como ahora diversos académicos que desconocen esta historia propalan. Simple y llanamente eran cuestiones que las propias familias de tales menores deberían afrontar con los recursos de los cuales dispusieran –personales o familiares.

Ante la ausencia de política pública alguna por parte de los gobiernos, los familiares de los menores con diversos problemas al nacimiento, o adquiridos postnatalmente, debían, cual judíos errantes, andar tocando las puertas de las diversas instancias de gobierno para brindar a sus hijos atención rehabilitatoria, educativa o cualesquiera otra que fuese necesaria, para propiciar el desarrollo óptimo de sus hijos, pese a su condición.

Durante años, entre otros padres y madres de familia, la profesora Rosa González tocó puerta tras puerta sin hallar respuesta positiva a sus demandas.

Rosa González, junto con otras madres y padres de menores con Parálisis Cerebral Infantil, al no haber encontrado respuesta por parte de los gobiernos de ese entonces, determinaron constituir una Asociación de Personas con Parálisis Cerebral que se encargara de atender lo que los gobiernos dejaron en el olvido. Este fue, sin duda alguna, el primer aporte realizado, entre otras madres, como lo fueron la madre de Gabriela Brimmer, como Carmelina Ortiz Monasterio, por no enunciar otras más, por la Profa. Rosa González. Más tarde, como ahora es ampliamente sabido, esta asociación adoptará el nombre de Asociación Pro Personas con Parálisis Cerebral (APAC).

El mismo camino recorrieron quienes constituyeron asociaciones como la John Langdon Down o CONFE, para el caso de las personas con Déficit Intelectual.

Es decir, o las asociaciones creadas por los propios familiares de personas con diversas deficiencias físicas o intelectuales, o los internados para huérfanos o miserables que atendían organismos religiosos, eran las únicas alternativas para quienes luchaban por vivir dignamente.

El otro lugar de destino era el abandono en los propios hogares de familias sin recursos.

Como pueden apreciarse, el Primer Encuentro tenía bases que trascendieron a los interese intelectuales tanto del narrador, como del personaje. El Primer encuentro sellaría, con una amistad indeleble, esta relación.

En aras de la “objetividad”, debo decir que la amistad nacida desde ese entonces no empaña, ni macula, considero, esta historia.

Ahora bien, estando la Profra. Rosa Gonzáles cumpliendo la función de Asesora en la DGEE, en el área de Impedimentos del Aparato Locomotor, al considerar lo incorrecto del término, sugirió que éste fuese cambiado por el de Impedimentos Neuromotores. Finalmente, por un acuerdo académico y teórico con el narrador, se sugirió el de Trastornos Neuromotores. Es este el nombre que desde ese momento y hasta ahora lleva.